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lunes, 28 de noviembre de 2016

Giving Tuesday: experimentando con la solidaridad

Como os comentaba en mi anterior post, el 29 de noviembre se celebra Giving Tuesday, un día para dar a los que más lo necesitan a través de internet. A lo largo de esta semana hemos estado revisando con nuestro hijo de 6 años todos los proyectos que hay colgados en la plataforma, con el fin de que éste aportase parte del dinero de su hucha (más bien de la nuestra, aunque de eso no tiene por qué enterarse) en aquel o aquellos que más le motivasen. Hoy me gustaría compartir con vosotros los resultados de este 'experimento': la sorprendente madurez que poco a poco está adquiriendo mi 'mediano' y las facetas solidarias que hay que seguir trabajando.


Pero antes toca escribir una historieta de abuela cebolleta. Recuerdo en mis tiempos de niña de 6-7 años, esos en los que empezabas la catequesis para hacer la comunión, que mi madre me llevaba todos los domingos a la misa de niños. En la puerta siempre estaba, imperturbable hiciese el tiempo que hiciese, una anciana que pedía limosna. El domingo era también el día en que me daban la paga: 20 duros para invertir en lo que quisiese. Mi padre siempre me decía que los echara en la hucha; mi madre insistía en que debía darle una parte a aquella señora tan pobre que veíamos domingo tras domingo.

Al final, se hacían las dos cosas: como no podía partir la moneda (de forma literal, claro), mi madre me daba algunas monedas sueltas de duro que yo entregaba a la mujer antes de entrar en la iglesia. Y mis 20 duros terminaban en la hucha excepto cuando el kiosco estaba abierto y me daban bula para comprar cromos o chuches. De esta situación aprendí dos cosas que he puesto en práctica a lo largo de toda mi vida: a ahorrar como una hormiguita, por un lado, y a ayudar a los que lo necesitan, por otro. Signo inequívoco de que el mensaje de mis padres caló hondo.

En 30 años y a nivel personal, la película ha cambiado en la forma pero no en el fondo. A la vista está que siguen existiendo los pobres que piden limosna a las puertas de las iglesias (yo diría que cada vez son más), pero como no las pisamos salvo cuando no queda más remedio nuestros hijos no son conscientes de esa realidad. Ahora otorgamos esas ayudas económicas por internet, sin implicarnos mucho en el problema, sin verlo cara a cara. En ese sentido es mucho más difícil educar en la solidaridad de una forma racional.

No obstante, gracias a la experiencia de esta semana, mi hijo se ha enterado de muchas de las penurias que asolan el mundo y, sobre todo, que afectan a niños como él: gente que se ha quedado sin casa y sin pertenencias y que han tenido que abandonar su vida por completo por culpa de la guerra; enfermedades que no te dejan correr, que no te dejan hablar, que no te dejan ver, que te matan tengas la edad que tengas; chavales que no tienen la oportunidad de estudiar porque no tienen material ni medios para llegar al colegio (no sólo en el tercer mundo, también en España)... Situaciones difíciles de erradicar pero que, con la ayuda de todos, pueden mejorar. Una idea que he intentado inculcar a mi hijo como mis padres hicieron conmigo.

Los que me hayáis leído por redes sociales estos días habréis visto cuáles son las iniciativas con las que más hemos simpatizado. Día tras día fuimos analizando y explicando las que más nos llamaban la atención y apuntábamos en un papel una elección y el porqué de ello. Por ejemplo, el primer día nos quedamos con el proyecto que Médicos Sin Fronteras tiene abierto en Nigeria. Para Dani apoyar esta causa sería como ayudar a la familia de su mejor amigo del cole Samuel, que no sabemos si vive bien o mal, pero por ayudar que no quede.

El segundo nos llamó la atención la campaña de Cruz Roja para que todos los niños tengan juguetes. Me ha parecido interesante la respuesta que he recibido en este caso. Al peque le pareció inconcebible que haya niños que no tengan juguetes propios y quiso ayudar al instante. Sin embargo, cuando le propuse donar uno de los suyos su cara se torció y dejó de verlo claro. Conclusión: Dani es consciente de que el dinero es importante, pero no le da tanto valor como a cualquiera de sus juguetes, son posesiones muy preciadas, aunque lleve mil años sin jugar con uno concreto, y no tiene intención de desprenderse de ninguno de ellos. Desde mi punto de vista, éste es el punto que más tenemos que trabajar.

También ha puesto especial antención a los proyectos relacionados con la lucha contra el cáncer. En el último año hemos visto sufrir y hemos perdido a gente muy querida, mayores y menos mayores, por culpa de esta enfermedad, que mata y machaca cuando menos te lo esperas. Probablemente por eso Dani ha decidido dar parte de su presupuesto solidario a una de estas iniciativas: la que la Fundación CRIS quiere poner en marcha en el Hospital La Paz de Madrid para mitigar los efectos del cáncer en niños. Conclusión: si estamos implicados somos más solidarios y ponemos mayor empeño en ayudar.

Siguiendo esta estela de implicación, Dani también ha querido entregar parte de su dinero al proyecto de Medicus Mundi para mejorar un laboratorio que tienen abierto en zona saharaui para fabricar medicamentos básicos para la población. "Mamá, yo quiero ser científico y trabajar en un laboratorio como éste", dice. Pues para ello hay que mantenerlo, y para mantenerlo hay que ayudar. Dicho y hecho.

El último proyecto seleccionado ha sido el de 'Una pata, una sonrisa', de Discan: terapias con perros para niños con autismo. ¿Por qué? Nunca ha conocido a ningún niño con autismo, ni si quiera sabía en qué consistía este trastorno. Lo más probable es que haya tomado la decisión porque quiere una mascota y ya no sabe cómo decírnoslo. Eso sí, nos ha servido para acercarle a otra realidad que desconocía.



En definitiva, gracias a este experimento hemos podido enseñarle a Dani que la vida no es sólo juego y dibujos animados, que existen situaciones difíciles, unas lejos y otras a la vuelta de la esquina, en las que él puede ayudar.

¿Y nosotros? Creo que nos hemos dado cuenta de que nuestro hijo es capaz de asumir la realidad en la que vive y de que no debemos dulcificar su vida; que hay vida más allá de Clan y Boing y puede escuchar noticias sobre la guerra, la muerte, la violencia de género... situaciones terribles que no debemos esconderle, primero porque existen y, segundo, porque queremos que dejen de existir. Y para ello es vital que les enseñemos desde pequeños cuáles son los males contra los que hay que luchar.

La solidaridad es una bonita forma de empezar este camino. ¿Por qué no os animáis y participáis en Giving Tuesday con vuestros peques? Nosotros ya lo hemos hecho, hoy de forma puntual, sí, pero también mes a mes colaborando con diferentes asociaciones que consiguen que la vida sea un poco menos difícil.

¡Anímate y difunde!

lunes, 21 de noviembre de 2016

#GivingTuesday: Un día para dar



- Oye mamá, ¿qué es eso del B... Bl... Black Friday?- me preguntó el hijo tecnológico mayor tras encontrar en el montón de papeles de la mesa del salón una sugerente publicidad de no me acuerdo qué empresa. Ya sabe leer y escribir bastante bien, y no hay nada que le guste más que demostrarlo a todas horas.

- Es un día en el que todo es más barato para que la gente compre mucho- intenté explicarle de la manera más sencilla posible.

- ¡Pero si los Reyes Magos y Papá Noel están a punto de venir! ¿Por qué no se esperan un poco, le piden a ellos lo que les apetezca y se guardan el dinero para otra cosa? Se lo podrían dar a esos niños que no tienen para comer.

Qué ganas de comérmelo a besos cuando hace razonamientos de este tipo.

- Tienes mucha razón, hijo. Qué impacientes son algunos...

Y qué derrochadores. El año pasado sólo los españoles nos gastamos más de 1.400 millones de euros entre el #BlackFriday y el #CyberMonday (viva la cultura de la almohadilla), buen indicativo de que hay dinero para gastar y de que también debería haberlo para donar. Pero, por lo visto, en nuestro país somos muy de la Cofradía del Puño Cerrado: según el estudio Realidad del Socio en España 2015 de la Asociación Española de Fundraising (AEFR), sólo un 20% de la población, unos 7,5 millones de personas, aportaron en 2015 ayudas económicas de forma habitual a fundaciones y ONGs de apoyo social y medioambiental (y eso que con las ventajas fiscales que existen hoy en día para pequeñas donaciones uno se puede deducir más de la mitad de lo que aporta en la declaración de la renta).

El dato español representa una miseria en comparación con el 50% de media registrado en Europa. O con el 80% del Reino Unido. Unas cifras que tiran por tierra esa creencia de que los españoles somos muy solidarios (aunque en nuestra defensa habría que puntualizar que, según los expertos en la materia, sí que solemos ser especialmente generosos en crisis puntuales, como la catástrofe del tsunamí que arrasó Sri Lanka en 2004, o de forma informal, apoyando a amigos y familiares).

Para fomentar esa cultura de la filantropía y contrarrestar los efectos hiperconsumistas del #BlackFriday y el #CyberMonday, el mundo anglosajón creó en 2012 el #GivingTuesday, que se celebra el martes posterior al Día de Acción de Gracias (el próximo tendrá lugar el 29 de noviembre). Se trata de dedicar una jornada al año a fomentar el apoyo a proyectos puestos en marcha por fundaciones y ONGs avalados por expertos en economía social, bien en forma de donaciones económicas, bien en forma de voluntariados (porque el tiempo es oro, no lo olvidemos).

Otro de los objetivos es que esas donaciones o voluntariados se mantengan en el tiempo. Es decir: que no se hagan de forma puntual, sino que mes a mes aportemos nuestro granito de arena. Y, por último, también está la intención de 'captar' a las nuevas generaciones en tan loable tarea. Por eso el gancho en forma de hashtag. Por eso su incesante meneo vía redes sociales. Porque la gente joven ya no atiende a los medios tradicionales.

70 PAÍSES DONANDO UN MISMO DÍA

En España #GivingTuesday empezó a funcionar en 2015, aunque esa primera edición estuvo muy centralizada en Barcelona. Este año, proyectos y participantes están más repartidos: gracias al trabajo de las entidades organizadoras (que llevan desde febrero preparando esta fecha) la plataforma está dando visibilidad a 250 iniciativas dedicadas a la acción social y medioambiental, y aunque el día en cuestión aún no ha llegado, ya se puede donar. De hecho, ya se han superado los 30.000 euros, diez veces más de lo que se había recaudado en 2015.

Igual que España, otros 69 países se han sumado a esta iniciativa, que a parte de ser un revulsivo al consumismo de estas fechas y una oportunidad estupenda para ayudar a quien lo necesita, sirve para educar a esas nuevas generaciones en la importancia de compartir, de participar en proyectos que merecen la pena sólo recibiendo a cambio la satisfacción de ser una parte importante de ese logro.

Por eso me he propuesto un reto que quiero compartir con vosotros (a ver si os animo a seguirme): éste es el listado de los proyectos participantes en la versión española de #GivingTuesday. Mi intención es revisarla a lo largo de esta semana con Dani, mi peque de 6 años, que tendrá un fondo económico 'sacado de su hucha' para participar en uno o varios de esos proyectos (creo que es importante que sepa que es su propio dinero el que tiene que repartir, aunque luego lo pongamos nosotros).

Mi intención es que se implique, que sea consciente que con su ayuda puede conseguir mejorar el mundo y también de que se puede ser más feliz compartiendo que acumulando riquezas... A ver qué consigo, ya os contaré.

¿Os animáis a participar? Si no tenéis tiempo para el experimento, o hijos con los que llevarla a cabo (porque con los más pequeñitos es complicado), dadle bola a la inciativa en vuestros blogs, en vuestras redes sociales. Cada granito de arena, por pequeño que sea, es tremendamente importante.

Porque, como decía la agente Judy Hopps en Zootrópolis, vosotros podéis hacer del mundo un lugar mejor.