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miércoles, 5 de abril de 2017

El temido demonio tecnológico

Llevo varios días levantándome a las 6.30 de la mañana, otra de esas pequeñas 'ventajas' de ser autónoma y tener un horario flexible. Para animarme mientras ojeo (sí, sin H, de ojo) la actualidad del día, escucho el podcast Buenos Días, Madresfera en directo.

He de reconocer que me está sirviendo como aliciente para madrugar y ponerme al lío antes de la hora bruja pre escolar: Temas candentes, interesantes para aquel que está imbuído en el mundo maternal y paternal... y buen rollo, tanto por la parte de la dirección del programa como por los que interactúan en el chat. Da gusto madrugar así.

En uno de los últimos programas se habló de uno de esos casos complicados destacado por un titular amarillista: un chaval que había denunciado a su madre por quitarle el móvil. Al final de la historia (¡¡alerta de spoiler!!) la madre, que se enfrentaba a 9 meses de cárcel por malos tratos, salió absuelta gracias al buen juicio, nunca mejor dicho, de un magistrado que se puso en su lugar.

Un clásico que todos hemos vivido o que viviremos en algún momento. Allá va el caso figurado salido de mi mente de madre bloguera: el chico de 15 años tiene que estudiar pero en su lugar andaba dándole a la pantalla táctil. Su madre llega, le quita el cacharrito y le dice que o se pone con el examen del día siguiente o le deja un mes sin móvil. En la versión clásica de esta película el chaval refunfuña y se pone a estudiar. Pero ésta es la versión 2.0 de un muchacho problemático que ha visto por Youtube que denunciar es un buen sistema para hacerse con el mango de la sartén.

Y lo consigue, gane o pierda el juicio. Porque la sensación que se le debe quedar a una madre o a un padre (de los normales, me refiero, de esos que se desviven por sus hijos) que ve cómo su hijo vuelve a casa con una denuncia a su nombre debe ser de derrota total. Aunque todos tenemos claro quién será el verdadero perdedor a medio/largo plazo.

TE HAS CONVERTIDO EN TU MADRE

Más allá del hecho en sí, la noticia y la charla posterior en el chat me ha hecho reflexionar en voz alta al respecto. Sobre todo de cómo se demoniza a las nuevas tecnologías cuando surgen casos de este tipo, siempre asociados a jóvenes con conductas problemáticas.

Las tablets, los móviles y las consolas tienen la culpa de que los chavales no salgan a la calle; de que no hagan deporte y lleven una vida sedentaria; de que no sepan relacionarse (a la antigua usanza); de que se estén criando como un ganado de gañanes cuya máxima en la vida es conseguir millones de seguidores a base de grabar situaciones cotidianas en las que alguien es ridiculizado, insultado, vilipendiado...

Opiniones de este tipo se escuchan en los corrillos del cole, en la puerta de la academia y, por supuesto, en el también demonizado grupo del Whatsapp (qué poco se habla de su utilidad). Y esto pasa mientras seguimos dándole audiencia a Sálvame o a cualquier programa de 'tertulia' en el que todo el mundo habla a voces sin escuchar al de al lado. O valorando más al Cristiano Ronaldo de turno que a la inventora del WiFi al mismo tiempo que nos indignamos porque un hotel o una cafetería no nos ofrece conexión gratis. ¡Que inventen ellos!, que decía Unamuno.

Pero me estoy desviando del tema. El caso es que al oírlos no puedo dejar de pensar en mi madre cuando despotricaba en mis tiempos de estudiante sobre la comedura de coco y la desconexión cerebral que nos provocaban los videojuegos de entonces. En todas aquellas señoras que miraban recelosas hacia los locales recreativos de futbolines y Neo Geos porque representaban el mal en estado puro. Cuántas de ellas andarán ahora enganchadas al Candy Crush...

Nos jode reconocerlo, a mí la primera, pero nos hemos convertido en nuestras madres. Y, a veces, miramos al futuro de nuestros hijos con la misma poca perspectiva que ellas lo hacían en esos instantes.

Porque el mal no se encuentra en la máquina, sino en la mano que la maneja y que enseña a manejar. Los chavales son altamente influenciables y, a partir de una determinada edad, no por la vía paterna. Prácticamente todo lo que no hayamos conseguido hasta los 14 años (así, a ojo) con nuestro ejemplo se perderá en el olvido, al menos hasta que vuelvan a prestarnos sus oídos de vez en cuando en un futuro lejano.

CORREGIRNOS PARA CORREGIR

¿Pero qué ejemplo les damos con las nuevas tecnologías? Que levante la mano el que coma con el móvil en la mesa. El que apalanca a sus criaturas al calor de una tablet. El que haya interrumpido la historia imaginaria de turno para contestar un mensaje... Seguramente todos lo hemos hecho en algún momento. Algunos más a menudo que otros. Y ellos nos ven y nos copian.

Quieren estar en constante conexión como nosotros, pero no pueden porque no tienen smartphone propio o tablet sin restricciones... hasta que lo tienen. Y entonces quieren recuperar el tiempo perdido.

No se trata de dárselo todo cuándo y cómo quieran, sino de que nosotros nos lo restrinjamos también, al menos durante las horas que estemos a su lado. Que les acompañemos en sus juegos en la tablet o la consola, para que sean conscientes de que también puede ser un espacio de juego en compañía y no de aislamiento puro. Que les enseñemos a navegar y a desenvolverse por la red. Hemos de concienciarles (y, mucho antes, concienciarnos) de que se debe convivir con la tecnología, no depender de ella.

Ellos son los nativos digitales, los que saben manejar una pantalla táctil desde el mismo momento en el que aprenden a utilizar sus manos. Negarles los avances del progreso y el conocimiento necesario para desenvolverse en el mundo TIC sólo perjudicará a su futuro. Y teniendo en cuenta lo rápido que pasa el tiempo, no les queda tan lejos.

miércoles, 2 de marzo de 2016

En conexión con nuestros hijos

Gracias a Cata, de Mamá también sabe, y a Sonia, de Urban&Mom, mi mediano y yo asistimos hace unas semanas al I Encuentro de Familias Digitales Niños conectados, ¿padres desconectados?, organizado por Telefónica y su plataforma Familia Digital. Mientras Dani se iba a disfrutar de unos talleres diseñados para su franja de edad, los papás tuvimos la oportunidad de intercambiar pareceres en cuanto a la educación de nuestros hijos (y, por qué no decirlo, de nosotros mismos) en lo referente a las nuevas tecnologías de la comunicación.

Aunque no me pude quedar a todo el evento (los cumples en un parque de bolas siempre son prioridad, you know), tuve tiempo de escuchar a un grande de la salud digital: Guillermo Cánovas, director del Centro de Seguridad en Internet para los menores en España, integrado en el Safer Internet Programme de la Comisión Europea, y muchos otros cargos relacionados con la seguridad de la infancia y adolescencia en la red de redes, además de autor del libro Cariño, he conectado a los niños que espero poder leerme en breve.

Éste nos marcó una serie de pautas a tener en cuenta para que la relación de nuestros hijos con móviles, tabletas y ordenadores sean lo más sanas posibles. Muchos aspectos que voy a resumir en este post pero que me gustaría analizar y desarrollar con mayor detalle en otros sucesivos de forma individual, para no soltaros un rollo del copón que nadie se quiera leer. Ya se sabe, las pequeñas dosis son mucho más efectivas.

Guillermo Cánovas durante su conferencia (foto 'robada' a Urban&Mom, las mías son todas horribles)

Cánovas nos dejó claro que las nuevas tecnologías no son negativas y que hay que trabajar con ellas: "Los jóvenes que no sepan utilizarlas no van a poder competir en el mundo. Hay que tener en cuenta que el 99% de la información que genera la humanidad día a día está digitalizada", advirtió. Lo importante es saber transmitirles a nuestros hijos cuándo deben dejarlas a un lado y, por supuesto, predicar con el ejemplo: apagar el teléfono por la noche, no estar pendiente de la pantalla en las horas de la comida, etc.

Desde su experiencia, hay varias vías de trabajo imprescindibles que no se pueden obviar: evitar problemas físicos, por ejemplo, corrigiendo posturas como tener la cabeza agachada de forma constante para mirar el móvil; observar e investigar el impacto de las nuevas tecnologías en los procesos cognitivos, un aspecto que todavía está en pañales y del que no habrá conclusiones hasta que los llamados 'nativos digitales' sean mayores; o los desórdenes de adicción, cada vez más frecuentes.

También hay otras líneas importantes, como la de saber preparar a nuestros hijos para abordar el exceso de datos (también llamado 'infoxicación') que van a encontrarse en la red. "Cada dos días generamos la información que la humanidad nos ha dejado en 5.000 años", calcula Guillermo Cánovas. Y, por supuesto, es imprescindible saber enseñarles a moverse y a comportarse por las redes y juegos sociales. "No hay que esperar a que tengan 14 años para que puedan tener Instagram, a esa edad ya son prácticamente ingobernables. Hay que empezar a trabajar con ellos antes". Con todo y con eso, la supervisión de los padres es fundamental, desde su punto de vista, sobre todo para detectar problemas lo antes posible y cortar de raíz todo aquello que merme la seguridad de los menores. "Lo ideal es que empiecen a moverse no con un smartphone propio, sino con el de sus progenitores", aconsejó.

De esta manera, no sólo se pueden controlar los contenidos, también el tiempo que se le dedica a las nuevas tecnologías. "Nunca hay que permitir que sustituya a otras actividades de su vida cotidiana, el niño debe seguir haciendo su vida normal".

Además de la charla de Cánovas, también participó en la jornada María José Cantarino, jefa de Innovación Sostenible de Telefónica, que nos presentó a Pilar y su Celular, una miniserie de dibujos animados desarrollado por el gigante TIC y la plataforma Pantallas Amigas para potenciar el uso responsable del móvil, y que puede ser muy educativo tanto para nuestros hijos como para nosotros mismos. Aquí os dejo el primer capítulo:




LO QUE ME PERDÍ
Aunque no estuve, he estado oteando el hashtag #SoyFamiliaDigital y lo que se ha comentado en otros blogs lo que dio de sí la jornada tras mi marcha. José Luis Encinar, jefe de Producto y Comercialización de Servicios de Telefónica, aprovechó para explicar en funcionamiento del servicio Movistar Protege, para supervisar la actividad de los niños en internet y establecer límites en su uso. De hecho, se sortearon varios paquetes de este tipo y, por lo que me han tuiteado, alguno me tocó y perdí por no estar presente (para una vez que me toca algo... c'est la vie)

También se celebró una mesa redonda llamada En familia: la tecnología como invitada o intrusa, en la que participaron Susana García, de Mi mamá tiene un blog, Fernando Álvarez, de Las historias de papa Lobo, y dos invitados fundamentales para darle sentido al debate: Inés y Nicolás, dos chavales de 12 años que dieron su punto de vista generacional. Los menores comentaron que llevan una vida activa en redes sociales y que, en sus casos concretos, sus padres controlan habitualmente a seguidores y amigos, las imágenes que hacen y los textos que publican.

Por su parte, los papás blogueros presentes en la mesa compartieron experiencias y lamentos, como que cada día es más difícil hablar cara a cara con los jóvenes y más fácil que te escuchen si les mandas la información por whatsapp. Y también, que los padres debemos predicar con el ejemplo, como dejar a un lado el móvil en las horas de las comidas, o apagar la tableta cuando alguien (como, por ejemplo, un hijo) requiere nuestra atención.


 MIENTRAS TANTO, LOS NIÑOS...
Se lo pasaron teta. Los mayores con un taller de fotografía digital, y los pequeños con un cuentacuentos que giraba en torno a la historia La gran decisión de Digipato, escrita por Lindsay Buck e ilustrada por Ciara Flood para Childnet International. Su protagonista es un joven pato que participa con sus amigos en una red social muy especial y que está a punto de liarla parda por mandar una foto inapropiada de uno de ellos. Si estáis interesados en leerlo, pinchad en el título y podréis otearlo online.

Además, tuvieron la oportunidad de ver la película Los Boxtrolls que, por cierto, todavía tengo pendiente...

Hasta aquí el resumen. Espero poder escribir pronto, punto por punto, sobre las ideas que fueron surgiendo esa mañana, principalmente de la ponencia de Guillermo Cánovas, realmente enriquecedora. Y recordad que las nuevas tecnologías, en su justa medida, son aliadas en la educación de nuestros hijos. Sólo hay que saber hacer un uso responsable de ellas.