Mi pobre blog abandonado... llevaba más de un mes sin escribir en ti. Duras semanas han acontecido en lo laboral que me han privado de tu presencia: congresos, especiales, reportajes mil... Era mi deseo intercalar con cada VDLN un tema propio, de esos míos en los que intento dejar mi esencia . Pero últimamente el cerebro no me da para mucho más. Así que, al final, vuelvo a retomar la faena como la dejé: hablando de música... que tampoco está mal. Y me pongo de fondo al buque insignia de Boston: Aerosmith, que ahora mismo estarán deleitando al público madrileño desde su escenario de Rivas Vaciamadrid, un respetable en el que está incluido el padre analógico.
Hoy me ha dejado por Steven Tyler. No se lo reprocho, con ese vozarrón que tiene... aunque yo hubiese preferido a su hija Liv. Hace poco leí su autobiografía (la de Steven) y me gustó bastante, describe una vida llena de altibajos en modo Himalaya: desde su feliz infancia, pasando por una adolescencia relativamente problemática, la formación del grupo y la creación de sus primeras canciones en comuna desde un piso franco de Boston, siempre de la mano de su 'gemelo tóxico', el guitarrista Joe Perry. Una relación de amor-odio que ha marcado, sin duda, la trayectoria de la banda.
Y de ahí, los bolos, las giras, las drogas, las novias, las desintoxicaciones, las esposas, los hijos, las drogas, las desintoxicaciones, las ex esposas, las drogas, las desintoxicaciones... Así hasta su actualidad de más de 65 años, con nietos y con 'goteras' en la mayoría de sus articulaciones. Alguna desintoxicación más le quedará, casi seguro.
No me voy a equiparar con Steven Tyler, ni mucho menos, pero aprovechando que ya es viernes y que toca hablar de música, voy a cerrar mi ciclo de terapia de desintoxicación bloguera (valiente excusa) con una de sus primeras canciones: 'Dream on'. Al fin y al cabo, sigo soñando con nutrir de forma asidua este humilde rincón, dejar temas más a menudo...
A veces llega un momento en que te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente pero con ganas de morir... Bueno, aunque lo diga una de las canciones más famosas del pop-rock español y uno de mis grupos favoritos, tampoco es para tanto, ¿no?
Celtas Cortos lanzó a las ondas estas estrofas en 1990, en su segundo disco, Gente Impresentable. Yo apenas tenía 9 años y no entendía aquella melancolía, aquellas sensaciones que la banda transmitía por la falta de amor y empatía del mundo que le rodea. Pura depresión que a mí me parecía una obra maestra de delicada melodía, sin pararme a pensar en el mensaje que transmitía.
Hoy, 27 años después, la escucho con otros oídos y, a veces, con lágrimas en la cara por las verdades que destapa: cada vez más violencia a nuestro alrededor, cada vez más indiferencia, cada vez menos idealismo para luchar por un mundo mejor. Pero también por los recuerdos felices que me trae (los que me leéis ya sabéis que soy pura melancolía). Cuántas veces me habré abrazado a mi chico al son de esta tonada...
Este fin de semana se cumplen 17 años desde que empezamos a estar oficialmente juntos. Casi media vida. Y me he puesto a escuchar a los Celtas, el grupo que nos unió, cantando sus canciones en cada sangriada de la facultad, en cada viaje de colegas, en cada concierto... Empezamos compartiendo cintas de cassette de los de Pucela en primero de carrera y desde entonces no hemos parado. Toda una vida de experiencias que le quitan un poco de razón a La Senda del Tiempo.
Hace tiempo que me hice vieja de repente, pero sin ganas de morir, porque sigo viendo el vaso medio lleno. Creo fírmemente que el mundo puede cambiar, que debemos seguir trabajando para ello. Y si he de agradecer a alguien ese empuje, esas ganas de seguir adelante, es a él... y a los dos canijos que han surgido de toda una (media) vida de experiencias compartidas. Desde mi punto de vista, si alguien merece vivir en un mundo mejor son ellos.
Mañana, si no se acaba el mundo, me voy al basket con el primogénito a ver un partido de la Euroliga. Él, que gracias al padre analógico se ha aficionado una barbaridad, está emocionadísimo. Yo también, para qué nos vamos a engañar. Me encanta el sano ambiente que se genera en torno a los partidos de baloncesto y, aunque hace años que no juego, me trae muchos recuerdos de adolescencia: buenos amigos, horas de diversión tanto en entrenamientos como en partidos, un escape lejos de casa... y música, mucha música.
Me uní a la 'troup' del basket cuando llegué al instituto. En el cole siempre había jugado al voleibol, pero no había equipo y a las de baloncesto les faltaba personal, así que allí que me fui con ellas. Todas eran mayores, de COU, más majas que las pesetas y muy fans de Bon Jovi (en su época de pelos largos), Offspring (en el año de Smash) y de Green Day antes de que se pintaran la raya del ojo y se pusieran corbata (vamos, los del Dookie y su 'Basket Case').
Aunque me tocaba ser cadete falsearon mis datos y me federaron como junior. Y ahí estaba yo, con mi 1,60 de estatura, ejerciendo de base o escolta, 'pegándome' con tiarronas de 17 y 18 años. Me llevé muchos golpes, pero aprendí a encajarlos y, a veces, a sacar partido de ellos. ¿Cómo? Gracias a las enseñanzas de mis compañeras, a ritmo de Offspring con temas como 'Gotta Get Away'.
Recuerdo con mucho cariño a aquellas primeras compañeras de basket que me enseñaron a funcionar en un deporte que no controlaba en absoluto; que me obligaron a salir del ala materna para moverme por mi cuenta y riesgo todos los fines de semana para jugar el partido de turno; y que me habrían llevado a mi primer concierto de Bon Jovi (en su gira del Crossroad, ese recopilatorio en el que incluyeron el baladote tristón 'Always' o 'Someday I'll Be Saturday Night') y a mi primer Festimad, con Metallica de cabeza de cartel, si a mis padres no les hubiese entrado el pánico sólo de imaginarme rodeada de melenudos borrachos y drogados capaces de hacerle de todo a una inocente chica de instituto... Ains, menos mal que pude desquitarme años más tarde.
Más allá de contaros una retahila de recuerdos y morriñas de instituto, todo esto tiene una moraleja: apuntad a vuestros hijos a hacer deportes de equipo, porque en ellos aprenderan y mucho: a compartir, a trabajar en equipo, a ser constantes, a encajar golpes y a sacar fuerzas de donde haga falta, a ganar y a perder... ¡y a escuchar buena música!
Aunque para esto último aseguraos de que caen en un equipo de rockeros, ¿eh? ;)
Hacía años mil que no sacaba de la estantería los discos de Katie King, un grupo de rock sevillano con cierto espíritu pirata al que tengo un gran cariño y aprecio (después de compartir bodas, farras y conciertos).
Hace unos años decidieron separarse, pero en los últimos tiempos se están reuniendo para ensayar de nuevo y, quién sabe, volver a las tablas en amor y compaña.
Herederos de los míticos The Storm (unos de los precursores del heavy metal español, también de Sevilla), tienen en su haber tres discos estupendos de estudio con canciones y versiones brutales que me han estado acompañando en estos días. Aquí su visión de los 'Angelitos Negros' de Machín.
¿Y de dónde sale un nombre tan poco sevillano? Pues de un fantasma, probablemente inventado por la espiritista Florence Cook en el siglo XIX. Dice Wikipedia lo siguiente: "Según afirmaba este espíritu era hija de John King, otro espíritu que
presidía muchas sesiones por aquellos días. En un principio el espíritu
de Katie King se materializaba parcialmente, pero con el tiempo fueron
tomando consistencia y haciéndose más reales, hasta que llegó un momento
en el que se materializó por completo tomando aspecto de persona viva
con blancos ropajes".
Y continúa: "La aparición andaba y hablaba con libertad, incluso William Crookes
pudo fotografiarla en diferentes ocasiones, consiguiendo 44 fotografías.
Un día Katie se despidió, había cumplido su misión de demostrar a todos
la existencia del mundo espiritual y había llegado el momento de
elevarse a un grado más superior. En la actualidad muchos investigadores piensan que Katie King no era
más que una burda farsa, ya que tanto Katie como Florence eran muy
parecidas, y no hay fotos fiables de ambas juntas". Vamos, que fue una más en aquella época de auge del espiritismo.
Me da rabia dejar tan poco material propio, pero es difícil encontrar enlaces a sus canciones propias por Youtube. La versión de 'El Tren' de Leño, a pachas con Vikingo MD (Narco), me parece de las más chulas que he escuchado.
Hoy me pongo a escribir escuchando lo que habéis ido colgando los demás. ¡Mi segundo post en una misma semana! Esto es de enmarcar. Y arranco sin saber qué música voy a compartir. ¿Es fácil improvisar sin verse influenciado por vosotros? Bueno, sobre todo porque no quiero repetir temas.
Algo que, a priori, parece fácil partiendo de la base de que llemo semanas queriendo escribir sobre el último concierto al que asistí: Dark Moor, una banda que a pesar de los años que llevan (su 20 aniversario celebraron el otro día) y de la clase que tienen no conoce mucha gente. Pero ya he colgado varios temas suyos, así que para no ser pesada, dejaré uno de los que tocaron: A music in my soul. Una pena no tener ninguna versión decente en directo.
No parece mala idea hablar de los últimos conciertos en los que he estado, que teniendo en cuenta mi condición de madre y el poco tiempo con el que cuento, son pocos y alejados en el tiempo. Airbourne fueron los anteriores, un evento al que fui de puro churro porque una amiga tenía entradas de sobra. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.
De primeras mi intención era quedarme, tranquila y sin apretujones, en un lateral de la sala para ver medianamente bien el espectáculo (en momentos como estos, ser bajita y ver solo brazos, o el concierto a través el móvil del gigantón que está delante de ti joden un montón). Sin embargo, no sé en qué momento me puse a saltar y brincar y me vi arrastrada por la marea hacia el centro de la sala.
En el momento en que empezó a sonar Breakin' Outta Hell se abrió ante mí un abismo. ¿Hacia el infierno? Bueno, podría considerarse así. Joel O'Keeffe, el cantante de la banda, implicó al público para generar un círculo en el que los pogos estaban cantados. Y yo estaba en primera línea de fuego. ¿Me meto o no me meto? Y me metí, a muerte. Tanto que cuando me quise dar cuenta estaba junto al escenario. Hacía años que no conseguía un chute así de adrenalina. Como los indios me lo pasé.
Muchas veces echo en falta aquella época en la que caían bolos todas las semanas, cuando iba con mi cámara a cuestas inmortalizando a multitud de melenudos. Quizás en unos años, cuando los peques sean mayores, pueda recuperar ese ritmo, incluso llevármelos conmigo (ojalá les salga la vena rockera) a ver tanto a grandes bandas como a grupos de barrio. Quizás.
Con un poco de suerte este finde disfrutaremos de un concierto en familia. Caskarrabias tocan en Madrid. ¡En el Ayuntamiento! (Carmena, no sé si te lo perdonaremos algún día) Y hace quintillones de años que no los veo. ¿Tocarán Aldente? ¿Les gustará? Ojalá...
Como muchos otros findes, llego a ras al Viernes Dando La Nota. Bueno, como mañana es fiesta en unos cuantos sitios, casi ni se nota (mentiraaaa). Encima no puedo poner la excusa del trabajo. Este fin de semana no, la verdad es que me he tomado la licencia de vaguear un poco y disfrutar de tiempo para no pensar en nada más allá de darle de comer a los muchachos y salir un rato para hacer la fotosíntesis.
Tenía planeado contar algo sobre mi último concierto, pero la mala fortuna ha decidido otra canción, otro autor. Uno de los padres del rock, el gran Chuck Berry, nos ha dejado hace unas horas y no puedo sino dedicar estas líneas para rendir mi pequeño homenaje a este gigante. A pesar del mal genio que gastaba (le pegó un puñetazo a Keith Richards, with two balls), ha sido un ejemplo de constancia y vitalidad.
Se ha quedado cerca de los 91 años, y los ha vivido intensamente, sin dejar la carretera casi en ningún momento. Según su página de Facebook, dio su último concierto en agosto de 2014. Con 88 años. Y en su último cumpleaños anunció que pensaba sacar un disco a lo largo de 2017 acompañado de algunos de sus hijos, que también serán talluditos. Lástima que no les haya dado tiempo.
Sin él, sin su música, su estilo, su voz... el rock no sería lo que es hoy. Mucho le deben los Stones, The Beatles, The Who, Clapton, Springsteen, AC/DC (quién diga que el paso del pato es propiedad de Angus Young nunca ha visto a Chuck en acción)... todos han bebido de sus canciones. Por eso es seguro que hoy todos (los que siguen vivos) lloran su marcha, no sin pensar antes en seguir sus pasos y estar al pie del cañón hasta su último aliento.
Y, por supuesto, marcando el ritmo de Johnny B. Goode con los latidos de sus ya vetustos corazones.
Hasta siempre, maestro.
Llevo unas semanitas que no se las deseo a nadie... o sí, según se mire. Desde que ha empezado el año no he parado, lo cual está muy bien para un autónomo, que normalmente en enero y febrero suele comerse los mocos laboralmente hablando. Y, a veces, si la necesidad aprieta, también literalmente.. A falta de pan...
Aunque todavía me queda tela que cortar, acabo de quitarme lo más gordo de encima que, por otra parte, me obligará a perderme mañana la primera parte del Madresfera Bloggers Day (¡a ver si llego al café!). Y no quería llegar a la gran cita de la maternidad blogger sin haber escrito un post.
Como es viernes, toca dar la nota con un tema inspirado por Ruth2m Mom, que hace unas semanas optó por mezclar música clásica y metal. Para todos, pero sobre todo para ella, está dedicado este post, con el fin de darle nuevos ejemplos e ideas.
Teniendo en cuenta el título que le he puesto, los primeros en salir a tocar van a ser Barón Rojo, que ya decían en los 80 que "el gran Beethoven hoy tocaría rock" en su canción Breakthoven:
Al leer su último VDLN, en el que se declaraba fan de Tchaikovski, recordé una versión de un grupo madrileño llamado Dark Moor de una pieza de El lago de los cisnes llamado Swan Lake (creo que el vídeo no es oficial, la banda no sale por ninguna parte y eso me escama un poco, pero por no poner una imagen fija...)
Dark Moor, que el 4 de marzo celebra su 20 aniversario en la sala Arena de Madrid, tiene unas cuantas versiones de piezas clásicas: The ritual fire dance (Manuel de Falla), Vivaldi's Winter, The Moon (que mezcla piezas de Beethoven) o Dies Irae (Mozart), entre otras. De ese Dies Irae también hizo una adaptación Children of Bodom en su disco Something Wild, dentro de la canción Red Light in my Eyes II.
De momento dejo esas 'pildorillas', no me da la vida para buscar mucho más. Pero prometo que habrá más... Y si mañana no me veis por el Madresfera Bloggers Day será porque me habré ahogado en la misma orilla. ¡¡Dadme fuerzas para conseguirlo!!
Éste no es un finde como otro cualquiera. Nuestro nativo digital más pequeño está empezando a dejar de ser pequeño. ¿Y por qué? Porque ha empezado la temida (voz con reverb)... ¡OPERACIÓN PAÑAL!
Por si fuera poco, parece que le ha entrado la madurez de golpe y también lleva varias noches dejando su chupete en el cajón. Así, sin que nadie le obligue. Sin inventar mentiras de que se lo llevó el viento como a María Sarmiento. Totalmente autogestionado.
Por un lado siento orgullo; por otro, un hondo pesar al ver que ya casi no me queda nada de bebé en casa (ojo, he dicho bebé, con acento en la 'e' y sin 'r' final, que ya os veo haciéndome chistes de gintonics). Miro los vídeos que le he grabado a lo largo de estos dos años y se me salta la lagrimilla nostálgica, sobre todo sabiendo que esa experiencia no se va a repetir más (no, no voy a ir a por la niña, ni a por el tercero, ni nada que se le parezca).
Me gustaría dejar aquí algo de esa nostalgia, en este Viernes (ya sábado) Dando La Nota. Y no hay mejor grupo para potenciarla que Creedence Clearwater Revival.
¿Por qué? Será por su cadencia, por su condición hippie viejuna, por esa personalidad que le imprimía la voz de John Fogerty, a veces limpia, a veces rasgada, a veces nasal, o quizás por sus riffs sesenteros... sí, ya, hay muchos como ellos. De hecho, 'Hotel California' de los Eagles pegaría muy bien en este post. Pero no, no me transmiten lo mismo que las canciones de la Creedence. Quizás sea por los recuerdos de niñez que me traen sus canciones (de los años 80, no vayáis a pensar que me concibieron en Woodstock). Mi tío nos ponía sus vinilos y nos las cantaba con su gracejo característico, inventándose la letra con su inglés macarrónico. Me pasé muchos años convencida de que 'Proud Mary' en realidad se titulaba 'Roulin'.
Hoy soy yo la que dedica estas canciones a su 'Fortuneit son', rezando para que no moje ningún pantalón más hasta que se sequen los últimos que han salido de la lavadora. ¿Las recordará con cariño? ¿Pensará en la Creedence cada vez que vaya al baño durante el resto de sus días? Sólo el tiempo lo dirá.
Por cierto, si os viene bien y os apetece, nominadme para los premios Madresfera. Yo digo que en la sección tecnológica, pero llevo una temporada que ya no sé qué pensar...
Se acaba el 2016 y con él mis Viernes Dando La Nota - Cosecha del 86. No voy a cerrar esta serie de especiales ni con George Michael ni con Wham! (que, casualidades de la vida, se separaron 30 años antes de que el cantante británico nos dejase). Tampoco con Leonard Cohen, Prince o Bowie. Qué año tan fatal para la industria discográfica, ¿verdad?
No lo tenía previsto, pero las circunstancias me han hecho reformar un poco mi último tema del año para decicárselo en parte a Status Quo tras la reciente muerte de su guitarrista Rick Parfitt (otro más para la necrolista). Cosecha del 86 es su In the Army Now, cuya canción estrella en realidad es una versión de un dúo holandés bastante poco conocido, Bolland y Bolland, pero que la banda inglesa llevó a lo más alto. Dejo aquí a modo de pequeño homenaje el vídeo de Status Quo con la esperanza de que Parfitt pueda seguir tocándola allá donde se encuentre.
En realidad el tema de hoy iba en exclusiva para Motörhead un año después de la muerte de su líder, Lemmy Kilmister. Es una de las pocas efemérides musicales que tengo guardadas a fuego en el cerebro, principalmente porque, como ya os conté en su día, coincidió con el fallecimiento de un ser muy querido.
Hoy recuerdo con tristeza y melancolía la pérdida del segundo y con música de fondo la desaparición del primero, buscando en su discografía su álbum Cosecha del 86: Orgasmatron, que nada tiene que ver con la película El Dormilón, de Woody Allen, ni con ese aparatejo que te masajea la cabeza dándote mucho gustirrinín.
El caso es que Orgasmatron fue el álbum que devolvió a la vida a unos Motörhead caídos en desgracia tras la marcha de dos de sus miembros estelares: el batería Phil Taylor (más conocido como Philty Animal) y el guitarrista Eddie 'Fast' Clarke. En el último mes me he estado leyendo la autobiografía de Lemmy (que se editó en 2002 por primera vez, con lo que me deja sus últimos 13 años de relativo desconocimiento) y cuenta que en esa época también tuvieron problemas con las discográficas, que les trataban fatal.
Por otra parte, Kilmister contaba que no consiguieron el disco deseado por culpa del productor Bill Laswell: "Era bueno a la hora de registrar sonidos, pero lo jodió todo en las mezclas. Cuando se llevó el álbum a Nueva York era mucho mejor que cuando lo trajo de vuelta". Con todo y con eso, se considera uno de los grandes clásicos de Motörhead. Entre las canciones que lo componen, los fans suelen quedarse con Deaf Forever o con Orgasmatron, peculiares dentro de su estilo y mucho más críticas con el sistema, aunque musicalmente siempre me ha gustado más Nothing up my sleeve:
Sin ser una gran fan de la banda, la figura de Lemmy siempre ha sido una de las que más he admirado en el entorno del metal. Durante toda su vida fue puro rock and roll; aunque dejó varios hijos biológicos por el camino, sólo tuvo uno por el que luchar, y ese fue Motörhead. Eso es lo que transmite su autobiografía, que probablemente estará edulcorada, o más bien bañada en bourbon y aderezada con speed, sus grandes vicios. De hecho, si las cosas fueron realmente como las cuenta el libro, puede estar agradecido de haber vivido 70 años.
Sus escarceos con las drogas le hicieron rondar la muerte en varias ocasiones en su tierna juventud durante los 60 y los 70. Y ya en sus últimos años recuerdo que los médicos le recomendaron dejar la costumbre de meterse entre pecho y espalda una botella de Jack Daniels diaria o cualquier otro brebaje alcohólico. Por increíble que parezca, dejó el Jack Daniels en cantidades industriales, pero creo recordar que lo cambió por vino. Tenía el corazón delicado y, sin embargo, no dejó de dar conciertos. De hecho, había uno programado en Madrid dos meses antes de su muerte. Salir a tocar era su razón de ser y, como se suele decir (y en su caso con mayor motivo), murió con las botas puestas.
Tuve la suerte de verles y fotografiarles en un par de ocasiones, en 2006 y en 2011, con Phil Campbell a la guitarra y Mikkey Dee a la batería, que a sabido reconducir su carrera con Scorpions. Tres tipos llenando con su presencia escenarios descomunales, rodeados de altavoces, dejando todo un recital de rock garajero, sucio, gamberro. Los suyos, siendo míticos, nunca fueron conciertos de 'postureo' (como pasa con los Rolling, con AC/DC... y como pasará dentro de unos meses con Guns and Roses): precios aceptables en salas medianas/grandes y repletas de público con hambre de rock. Qué triste y difícil es pensar que nunca más tendremos ese Overkill final, esa despedida con los bafles a tope recogiendo las vibraciones de su bajo...
Británico de nacimiento, Lemmy adoraba Los Ángeles, tanto que allí pasó sus últimos 25 años. Su música ha influenciado a un montón de bandas, Metallica le reconoció como el padrino del heavy metal. A pesar de su peculiar carácter, la mayoría de los que pudieron trabajar con él le recuerdan como un tío sincero y respetuoso... ¡y ha colaborado con unos cuantos! Girlschool, Twisted Sister, Ramones (sin bigote), Foo Fighters, AC/DC... incluso condujo un camión para grabar Running Wild con Airbourne (si Lemmy conducía no quiero ni pensar lo borrachos que estarían los demás).
Quizás lo hicieran por respeto, aunque es improbable, teniendo en cuenta las palabras con las que cierra Kilmister su autobiografía:
"¡A tomar por culo esa mierda del no hablar mal de los muertos! Las personas no ganan en bondad sólo por haberse muerto; simplemente se habla de ellos como si fuera así. ¡Pero no es verdad! Sigen siendo los mismos cabrones de siempre, ¡la única diferencia es que ahora son cabrones muertos!"
Gracias por ese legado que nos has dejado y que sigue dando sus frutos.
Una de las primeras bandas que forjaron el acero del heavy metal en los años 70 fue Judas Priest, que surgió, como muchas de las de aquella época, de los suburbios británicos. Desde entonces y hasta ahora se han metido entre pecho y espalda 17 discos de estudio y 26 giras (algunas de ellas de despedida, y no precisamente las últimas). Como la inmensa mayoría de los grupos de música, han sufrido altibajos en su historia, han perdido, despedido y recuperado miembros a lo largo del tiempo. Y, por supuesto, han disfrutado de una época dorada que, en su caso (y en mi opinión) tuvo su punto de inflexión con Turbo, un Cosecha del 86 que no falta en nuestro catálogo discográfico.
Este disco, el décimo de los Priest, se ideó como doble: se grabaron 19 canciones y se iba a llamar Twin Turbos, pero el proyecto no gustó a la discográfica (muy caro, a su entender) y se quedó en nueve canciones bastante peculiares. El trabajo destacó por su sonido a sintetizador, por las hombreras y los trajes futuristas que les colocaron a los músicos y por los vídeos que se hicieron para la ocasión, con continuidad entre sí, trenzando una historia a caballo entre Mad Max y Terminator...
Ahora los veo y, ¡madre mía!, qué mal han envejecido, aunque para aquella época debían ser lo más. El gran temazo con el que arrancaba tanto el disco como la historia de los videoclips era Turbo Lover, la que, con toda seguridad, es mi canción favorita de los británicos (a pesar de que en mi móvil sigue y seguirá sonando Breaking the Law, que tiene más 'punch' como politono). Me resulta sexy, seductora, orgásmica... las dos veces que he podido escucharla en directo se me han puesto los pelos de gallina y la carne de punta. A ver qué os parece a vosotros.
La época de Turbo fue difícil para el vocalista, Rob Halford (sí, el rubiales que baila a lo Leonardo Dantés), que intentó suicidarse poco antes de arrancar con la gira de presentación del disco. ¿Los motivos? Una depresión de caballo generada por su condición homosexual reprimida, aderezada con la ingesta desmesurada de drogas y alcohol a partes iguales. Afortunadamente para él y para la banda, aquel incidente le hizo salir de los malos vicios, aunque no del armario. Para eso hubo que esperar a 1998. Hoy, 18 años más tarde, sigue siendo uno de los pocos metaleros (en masculino) que ha tenido el valor suficiente para hacer pública su tendencia.
Con Locked in, Judas Priest dieron vida a la segunda parte de la videoclip-historia
que arrancaba con Turbo Lover
Con Halford recuperado y el disco ya trillado, los Priest se embarcarían en una gira que quedó para la posteridad: Fuel for Live Tour, del que tenéis buenas muestras corriendo por la red. El disco no tuvo mala acogida (por parte de los fans, los críticos no lo vieron tan claro) e, incluso, tuvieron la oportunidad de meter una de sus canciones, Reckless, en la banda sonora de Top Gun, pero finalmente la banda decidió no hacerlo. Vaya usted a saber por qué.
Eso sí, hoy por hoy, la única canción de este LP que suena en sus conciertos no es otra que Turbo Lover. Y, a pesar de tener más años que la tos y de que Halford cada día se parece más al caballero que guardaba el Grial en Indiana Jones y la última cruzada (real como la vida misma), hay que reconocer que están en forma y de que dan unos conciertos del carajo. ¡Hay que verles, por lo menos, una vez en la vida!
Esta semana no es como las otras. La música en nuestra casa hoy suena triste, mucho más con la lluvia de fondo. Mucho más cuando estás esperando una llamada, un adiós sin palabras.
Nuestra yaya se nos va. La última bisabuela que nos queda está en el hospital, apagándose lentamente. Con sus 91 años, cumplió con el refrán de 'Mujer enferma, mujer eterna'. Pero a esa eternidad le quedan horas. Es más, para ella ya se ha terminado, ya está dormida para no despertar. Con la lluvia de fondo.
No tengo grandes ganas de escribir, las cosas como son, pero ella merece una canción de despedida. Además, para este VDLN tenía previsto seguir con esos discos que acaban de cumplir los 30 (61 menos que Elvira). Curiosamente con el Slippery When Wet de los Bon Jovi de pelos cardados, pañuelos de colores vistosos, hombreras y botas con espuelas. En este disco uno puede encontrarse otra de esas joyas que nunca faltan en el break rockero de las orquestas de las fiestas de pueblo: Livin' on a prayer (vuelvo a dejaros los enlaces, que sé que os gustan los clásicos).
Pero no es el único hit del tercer largo de la banda de New Jersey: You give love a bad name y Wanted dead or alive también pueden escucharse en esta maravilla de disco, el primero de Bon Jovi en el que el productor y compositor Desmond Child metió sus manos (resumen para los que no le conozcáis: una máquina de éxitos musicales, responsable de muchos temazos de Meat Loaf, Aerosmith, Kiss, Cher, Ricky Martin y una larga lista en la que, por supuesto, Bon Jovi tiene un sitio especial).
Pero no se trata de dejar sus temas más conocidos, sino de destacar alguno de los que quedó en segundo plano. En una ocasión normal hubiese escogido un tema más cañero, pero las circunstancias me han empujado a elegir Never say goodbye.
Sabemos que es ley de vida, que aunque tenía la cabeza en su sitio y siempre tenía en mente a sus bisnietos este día tenía que llegar. Con ella se va la última de una generación que sobrevivió a la Guerra Civil; una mujer que paseó diariamente por el Madrid de la posguerra; que, con una salud endeble, superó la muerte de una hija y lo dio todo por su otra pequeña después de quedarse viuda a los 40. Vivió momentos difíciles, sí, y otros muchos también dulces.
Qué triste es perderla. La vamos a echar mucho de menos, pero no le vamos a decir adiós, porque va a seguir con nosotros, en nuestro recuerdo, en nuestro corazón. Siempre.
Después de una eternidad sin ponerme a meditar en voz alta sobre el mundo musical findesemanero, hoy me he decidido a retomar esto de los VDLN. Y no porque le hayan dado el Nobel de Literatura a Mr. Bob Dylan (que no digo yo que no se lo mereciera, con la de poesías que lleva a sus espaldas, pero...).
En realidad voy a aprovechar el espacio y el momento para hablaros de un proyecto que he conocido en los últimos días, una iniciativa que me ha vuelto los ojos del revés. Se llamaGames&Symphonies, en el que se une la condición friki-videogamer con el amor incondicional al arte musical. Este fin de semana, el sábado 15 para ser exactos, van a celebrar en el Palau de la Música de Valencia un encuentro espectacular (con todos los significados que conlleva la palabra) que desgraciadamente me voy a tener que perder por mi condición de madre. Habrá charlas, debates, stands... y como colofón final, un pedazo de concierto orquestal con música de videojuegos.
Para muestra, un botón... y el vídeo promocional:
Entre los compositores que estarán presentes en este monumental homenaje a los videojuegos estarán: Mateo Pascual, Damián Sánchez, Gryzor87 y David García, que han participado en juegos como Commandos y sus secuelas, Anima: Gate of Memories,
Blues&Bullets, Maldita Castilla, Hydorah, Hellblade y Deadlight.
Una de las que parece que caerá seguro será la canción del juego de matadragones, espadazos y hachazos Skyrim. Uno de esos que no nos gustan nada a los frikipadres para pasar el rato mientras nuestras tiernas criaturitas duermen la siesta.
Desde aquí queremos hacer un llamamiento a sus creadores: Adrián Ronda, director musical; Vicent Tobar, compositor, arreglista y jefe del equipo multimedia; y Juan Pablo Ordóñez, director creativo y productor, para que no falten grandes clásicos como...
Arrancamos la nueva temporada retomando los Viernes Dando La Nota (un domingo, a ras) recién llegados de las vastas tierras sin WiFi en las que hemos reposado (eso es mucho decir con dos muchachos asalvajados) durante el ardiente verano.
El primogénito está aprovechando estos pocos días que le quedan antes del arranque de Primaria para cotillear y experimentar con nuevos sonidos sacándonos CDs de la estantería musical. Y entre el taco que se ha llevado a sus aposentos, le está cogiendo el gustillo a un peculiar grupo de metal navarro que el padre analógico y yo descubrimos en la universidad y que teníamos un tanto olvidado: Last Prophecy.
En aquel entonces nos parecieron la leche (hoy por hoy a mí me lo siguen pareciendo) y les auguramos grandes éxitos, al menos en el entorno metálico. Sus letras eran oscuras y maquiavélicas, y estaban adornadas con una base instrumental poco comparable con la de ningún otro grupo. Es cierto que olían un poco a Tierra Santa, pero conseguían darle una vuelta de tuerca a los temas para que tuvieran un punto original. Ese que podría haberles aportado un generoso número de seguidores a nivel nacional y, probablemente, al otro lado del charco. Pero, como suele pasar en el maravilloso mundo musical, la falta de promoción, de pasta y de suerte, sumado a incesantes cambios de formación, les abocó a la sombra.
Hasta el momento han dejado en su haber cuatro trabajos: un primer disco en inglés que muy pocos conocen; dos extraordinarios largos de 2002 y 2005, 'Jugando con sueños' y 'Sin mirar atrás', que nos robaron el corazón; y otro editado hace pocos años, después de su separación y reconciliación, llamado '2.0.13'. De éste último no sabía nada hasta que me he puesto a escribir este post, lo reconozco. Los tenía tan olvidados que me he puesto a rascar y me he llevado una grata sorpresa. Incluso corre por la red un vídeo-single: 'Hoy quizá'.
Teóricamente estaban componiendo para un nuevo disco, pero están un tanto desaparecidos. Con un poco de suerte seguirán en activo y podremos seguirles la pista que habíamos perdido. E, incluso, disfrutar de algún que otro concierto, llevando a nuestro pequeño-gran muchacho a disfrutar de su música. ¿Habrá suerte? Sólo el tiempo (y, quizás, las redes sociales) nos lo dirán.
¡FELIZ FINAL DE FIN DE SEMANA!
NOTA POST-POST: Y, efectivamente, las redes sociales han hablado. Mientras buscaba enlaces a la banda, me he topado con su Twitter y (¡oh, sorpresa!) han cambiado de nombre. Ahora se llaman Rhevent y su primer/último disco se llama 'Simetría' (muy Sober hasta donde yo he llegado). Habrá que escucharlo a fondo...
Hace unos días debuté como tertuliana en el espacio que Amos de Casa tiene los jueves en el programa radiofónico matinal 'Hoy en Madrid', de Onda Madrid, presentado por Ely del Valle. Allí nos "enfrentamos" dos hombres dedicados a Sus Labores a tiempo parcial y dos autónomas de las que trabajamos desde casa también a tiempo parcial.
En concreto estábamos en la mesa: Amaia Fernández de Piojitos y Bollitos, psicopedagoga y mamá de dos niños que prácticamente cría ella sola por el trabajo de su marido; Víctor Sánchez, responsable de #siloshombreshablasen y padre separado con la custodia de sus dos criaturas (sí, en serio, existen); y Pedro Caballero, artífice de Amos de Casa y anfitrión de la jornada, encargado de su casa y de la crianza de sus tres hijos (¡que sí que existen!).
Precisamente el tema a tratar era el de si el AMO de casa está valorado por la sociedad: ¿lo consideramos una persona normal o un bicho raro? ¿Atiende a los grupos de WhatsApp escolares? ¿Es un gañán de las tareas domésticas? ¿Se siente despreciado por los corrillos de madres de la puerta del colegio? A estas y otras preguntas se contestaron en el programa que podéis escuchar aquí.
El caso es que mientras preparaba mi intervención radiofónica se me venían a la mente ráfagas de canciones dedicadas a la llamada de forma despectiva Mujer Florero. Sobre todo la que Ella Baila Sola nos dejaba en su primer disco de nombre homónimo en 1996.
A pesar de mi afinidad con el metal, las voces complementarias de Marta y Marilia siempre me gustaron y su temprana separación me dio hasta pena. Por separado perdieron todo su sex appeal musical.
Otra mítica que ha resonado en mi cerebro durante varios días fue la sintonía del programa televisivo de cocina 'Con las Manos en la Masa'. Una canción que deja claro quién era la que cocinaba en casa en aquella época y quién cambiaba el menú cuando volvía del trabajo porque le salía de los... mismísimos.
Pero no nos desviemos del tema. No pretendo con este post convertir al varón en Hombre Florero, sino divagar sobre lo que dio de sí aquel debate que, en el fondo, no fue tal, puesto que ambas partes coincidíamos en que ni las tareas domésticas ni la crianza de los hijos son cosa de mujeres.
En realidad es cuestión de enseñanza y aprendizaje, no hay más que ver cómo el costumbrismo social sigue convirtiendo a la mujer en principal receptora de las técnicas maternales sobre cocina, costura, limpieza y demás aspectos asociados al rol del ama de casa. Sin embargo, en el momento en que la mujer salió del entorno doméstico para trabajar las tornas empezaron a cambiar.
Un par de generaciones después de aquel momento hemos empezado a darnos cuenta de que si queremos que el panorama cambie debemos inculcarle a nuestros hijos e hijas que en casa somos un equipo y que todos por igual debemos arrimar el hombro en casa en la medida de nuestras posibilidades. Sólo así conseguiremos la verdadera igualdad.
¿Y cuándo sabremos que ese momento ha llegado? Probablemente cuando la expresión 'ama de casa' no vuelva a materializarse en nuestros cerebros y en los corrillos del colegio haya hombres y mujeres por igual.
Aprovechando que este finde vais a poner todos algo de Prince (jo, que bajón, vaya añito llevamos), la de 'Sanchoooo Quijote, Quijoteeeee Sancho', o la de 'Romeo and Juliet' o algo que tenga que ver con Cervantes, Shakespeare y el Día del Libro, yo me voy a retrotraer un par de días en el tiempo para recordar ese '20 de abril del 90' que tantas veces habremos cantado en las fiestas del pueblo.
No es muy original, ya lo sé, pero me da un poco de rabia no haber sacado todavía a Celtas Cortos en este carnaval de blogs teniendo en cuenta el enorme simbolismo que han tenido en mi vida. No sólo han sido banda sonora de esos eternos veranos escolares de tres meses que me pegaba entre la Alcarria y la Maragatería, montando en bici con los colegas de acá para alla. O de los entrenamientos de baloncesto en el instituto, mezclándose su 'En estos días inciertos' con el 'These days' de Bon Jovi y el 'Smash' de Offspring (pedazo de cóctel)
Los de Pucela también propiciaron el amor con uno de los peores discos de su carrera, 'Tienes la puerta abierta' (que a ellos, por contra, les sirvió para darse un tiempo de descanso y separación). Acabábamos de empezar la facultad. El disco, recién salido del horno, estaba en las manos de él y ella no encontró mejor excusa para entablar conversación que pedirle que se lo grabara. En casette. Qué tiempos aquellos en los que internet no te lo daba todo.
Ese fue el inicio de una feliz relación, primero de amistad, luego de un poco más que amistad, que ya dura dieciséis años (ojú), de los cuales ocho son de matrimonio y seis de paternidad conjunta... telita lo rápido que se pasa el tiempo.
Pero qué son 16 años comparados con los 30 que han cumplido los Celtas en 2016. De hecho lo están celebrando a base de bien con una pedazo de gira conmemorativa que les ha llevado, entre otros lugares, a Oviedo, a tocar con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (y por un precio irrisorio que rondaba los 15 euros... ¡sí, se puede!). Un motivo más para recordarles.
Como colofón y aprovechando que mañana es el Día del Libro (¿en serio? ¿no lo he dicho ya?), os dejo su canción más literaria, 'Cuéntame un cuento', probablemente el tema con el que yo les conocí en mi tierna pubertad. Y ya, para otro viernes, os dejo algo menos conocido...
Estoy triste y desolada. Madrid acaba de perder, de nuevo, su templo del metal. A lo largo de la historia se ha erigido con nombres diversos: Canciller, Excalibur... y ahora We Rock, una discoteca/sala de conciertos con una decoración de bastante buen gusto, sonido impecable y cubatas decentes, localizada en pleno centro de la capital y que no cerraba hasta altas horas de la madrugada.
Yo no era una asidua, la maternidad te limita mucho, pero en esas escapadas de conciertos findesemaneros con los colegas siempre intentaba acabar allí la noche, era un valor seguro. Sin embargo, la semana pasada tuvo que cerrar sus puertas. No por falta de clientela, al parecer el negocio funcionaba bien, sino porque sus fundadores se quedaron sin local. Sea como fuere, los 'melenudos' madrileños hemos perdido otro punto de encuentro (y en breve nos quedaremos sin el TNT, otro emblemático local de la zona de Argüelles).
Sirva de homenaje este #VDLN con la canción que le dio nombre: We Rock, del maestro Ronnie James Dio, ese 'duendecillo' del metal que se pasó más de dos tercios de su vida sobre un escenario y detrás de un micrófono, dejando su impronta en grandes grupos como Rainbow o Black Sabbath... hasta que un cáncer se lo llevó en mayo de 2010.
Como no hay vídeo oficial, dejo un directo que, aunque con la imagen desacompasada, tiene buen sonido. Viéndolo me he acordado del único concierto que pude disfrutar de este pequeño gran hombre: año 2002-03, en la gira de su disco Killing the dragon, sala Macumba de Madrid (hoy también cerrada, qué penica). Mientras hacíamos cola, Dio hizo acto de presencia y nos saludó a todos afablemente. Era un abuelillo de unos 60 años, pequeño, delgado y encorvado, con sus largos rizos al viento y una sonrisa en la cara. Muy poquita cosa así a primera vista.
Pero luego llegó el momento de verle sobre el escenario. El viejo pequeño y delgado se transfiguró en la estrella de rock, con una presencia tal que parecía haber crecido sobre las tablas. Y es que allí estaba la voz del Hombre sobre la Montaña plateada, el que le deseaba larga vida al rock and roll, el que tendía hilos entre el cielo y el infierno con su Heaven and Hell. Era imposible que pasara desapercibido. Y no sólo eso, brilló con luz propia con un trabajo impecable y una elegancia sin igual.
No pude volver a verle. El año que nació Dani estaba programado un concierto de Heaven and Hell (los Black Sabbath sin Ozzy y con Dio) en un festival español. Tenía muchísimas ganas de asistir al evento y era mi intención escaparme entre toma y toma del pequeño retoño, lo tenía decidido. Pero no llegó. El tratamiento al que se había sometido no había sido eficaz y el cáncer se lo llevó antes de que llegase la fecha en cuestión.
Entre los muchos homenajes que se le han rendido desde entonces está la apertura de la sala madrileña que acaba de cerrar sus puertas, cuyo nombre y espíritu estaban estrechamente conectados con los del vocalista estadounidense. Ojalá pronto pueda reabrir en otro local. Ojalá esto sea un 'to be continued' en toda regla...
Sí, lo he vuelto a hacer. Vuelvo a llegar a ras con mi particular 'arranca la semana dando la nota'. Quizás debería esperar a la semana que viene... pero como lo prometido es deuda (aunque sea sólo para que mi conciencia se calle un poquito), aquí estoy cerrando la semana con mis temitas.
Podría hablar de los Óscar, del 'pobre' Leo di Caprio, siempre en la brecha como favorito, siempre eterno perdedor (a ver si esta es la buena y Principesa de Preslav y yo podemos salir a celebrarlo como Dio manda). O de la votación de investidura de nuestro amigo Pedrito. Pero no, esta semana el que manda es Daniel, que está a puntito de cumplir seis años. ¡SEIS! Si parece que fue ayer cuando lo vimos por primera vez, con sus pelos de punta y sus patillas (sí, mi hijo mayor nació un poco rocker). Ahora, que ya es un muchacho casi hecho y derecho, y que tiene opinión propia, tiene mucho que decir de su fiesta de cumpleaños. "Mamá, papá, para este año quiero una fiesta de Queen". Así, como lo leéis.
De primeras, nos miramos con orgullo. "Qué bien lo estamos haciendo", pensamos. Pero de segundas, la cosa cambió: "¿Y qué coj*#es hacemos?". Sí, claro, llevarnos el Greatest Hits y ponerlo una y otra vez; comprarle una corona, un cetro y pintarle un bigote para cuando sople las velas... ¿y el resto de niños? Porque lo de ponerles a pasar el aspirador no lo terminamos de ver claro.
La verdad es que no nos debería haber pillado por sorpresa. Lleva unas semanas un poco pesado escuchando los discos que tenemos en casa de Queen, o poniéndose vídeos en Youtube (de tal ciberpalo, tal ciberastilla). Por un lado, me gusta que se enriquezca musicalmente con esta pedazo de banda, a mi entender una de las mejores de la historia: versátiles, vanguardistas... nunca pasan de moda. Además le está cogiendo el gustillo al inglés, se le está haciendo el oído a la pronunciación. Con lo cual, otro minipunto.
Pero la intensa repetición me está agotando y empiezo a sentir un poco de tirria hacia los riffs de Brian May que antaño adoraba. Porque los niños son así, o por lo menos el mío: si algo le gusta se convierte en constante dentro de su vida... hasta que llega otra cosa que le gusta más y cambia una constante por otra. ¿Y cómo arrancó ese afán por los de Freddie Mercury? La culpa la tuvo esta versión del 'Bohemian Rhapsody' customizada por los Muppets que en ésta, nuestra comunidad, se ve por lo menos una vez al día:
De aquí surgieron un montón de preguntas que terminaron desembocando en el vídeo original...
Y desde entonces, todo lo demás: vídeos, discos y un pequeño librito que cuenta la historia de la banda. Vamos, que de principios de año a ahora el niño se ha convertido en una enciclopedia de los británicos. Incluso ha estado preguntándonos por la muerte de Mercury, sobre el SIDA y su 'posible' curación... a veces se nos pone tan serio y trascendental que empezamos a sospechar que llevamos mal la cuenta de los años que cumple.
No sabemos lo que le durará esta pasión, pero tenemos la esperanza de canalizarla hacia nuevos horizontes musicales que nos libren de reggaetones, technotrances y un sinfin de estilos capta-adolescentes de esos que no podemos soportar. Aunque, ya se sabe: un hijo siempre hará lo contrario que le digan sus padres. Tocaremos madera...
¡FELIZ SEMANA A TODOS!
(y si a alguien se le ocurren ideas para celebrar un cumpleaños de Queen, que me escriba,
Estos días he estado escuchando el último disco de Avantasia, Ghostlights, entrenando para otro de esos conciertos que los Reyes Magos nos han regalado y con el que nos deleitaremos de aquí a un mes. Para los que no conozcan a este 'grupo', se trata de un proyecto sinfónico que nació hace ya más de 15 años como ópera rock de la mano de Tobias Sammet, líder del grupo alemán Edguy y niño (que con sus 38 castañas ya no es tan niño) prodigio del metal. La criaturita lleva desde su más tierna pubertad cantando, tocando el piano y la guitarra y componiendo, y tuvo que llevarse a sus padres a la firma de su primer contrato discográfico porque todavía era menor de edad.
El caso es que lo que nació como un proyecto paralelo repleto de artistas invitados se ha convertido en un sólido y prolífico espectáculo que saca discos cada dos o tres años y se va de gira cuando Edguy está descansando. Y, ahora, Edguy está descansando...
Aunque no es de mis favoritos, este último disco tiene grandes temas, y su creador ha decidido que lo mejor para promocionarlo es mandar uno de ellos a competir por una plaza en Eurovisión: 'Mistery of a Blood Red Rose', una canción muy Meat Loaf (de hecho, hubiese participado en ella si sus representantes no hubiesen declinado la oferta), quiere ser la representante alemana. Porque, aunque parezca mentira (y me ponga colorada cuando me miran), el heavy metal también tiene ganas de entrar por el aro eurovisivo.
Hay pocos ejemplos, aunque el más reseñable es el de los finlandeses Lordi, que muchos recordarán por su contundente Hard Rock Hallelujah. Los 'pobrecicos' tuvieron que pasar el cestillo y recaudar fondos entre sus vecinos para poder pagar los efectos pirotécnicos de su actuación. Una colecta que dio sus frutos ya que, para sorpresa de muchos, Lordi ganó la edición eurovisiva de 2006. Dejo aquí su actuación en aquel festival mejor que el vídeo original, que aunque un poco pixelado, muestra a las mil maravillas el saber hacer de los de Rovaniemi sobre un escenario (sí, conozco la ciudad de la que proceden; sí, estuve allí visitando su bar y su plaza; sí, soy un poco friki y adoro Finlandia y su cultura del metal).
Probablemente ellos fueron los que despertaron el interés de las bandas de metal en Eurovisión, que históricamente ha sido un escaparate de canción melódica y, desde que arrancó el siglo XXI, del dance más discotequero. Muestra de ello fueron los representantes de la República Checa en 2007, Kabát y la canción Malá Dáma, que no sólo no pasaron de semifinales sino que no sumaron ni un solo punto...
... o Eirikur Hauksson, por Islandia también en 2007, con su canción Valentine Lost, que tampoco se clasificó para la final. Una auténtica lástima, en la última ronda seguro que las hubo peores (no vayáis a pensar en el Chiquilicuatre, que es de 2008). Pero supongo que para los señores jurados de Eurovisión ya era suficiente bola la que le habían dado al metal.
Hay unos cuantos más, la mayoría de regiones escandinavas, donde lo alternativo es escuchar a Fran Perea (qué tendría el "1+1 son 7" que les molaba tanto a las finlandesas allá por 2008 cuando estuve yo por allí). ¿Y en España? Bueno, aquí Mago de Oz lo intentó, aunque no llegó a cuajar y jamás llegaron al festival... Pero esa será otra historia. No quiero aburriros, que la canción de este finde era la de Avantasia y ya he divagado demasiado.
No pensaba escribir ningún Viernes Dando La Nota durante la
época navideña, siguiendo la estela de la mayoría de mis compañeros de recomendación
musical, pero las circunstancias me han empujado a adelantarme a mis
pretensiones.
Hace unos días fallecía una de las grandes figuras del panorama rock
internacional del último siglo: Lemmy Kilmister, líder, fundador y vocalista de
Motörhead.
Desgraciadamente, el mismo día se marchaba también para no
volver una persona de mi entorno. Alguien de poca importancia a nivel
mediático, pero vital para mí, que ha dejado un vacío bastante más profundo en
mi ser y en mi estar habitual que el veterano cantante. Alguien llamado Luis.
Lo más curioso es que sus vidas han sido relativamente
simétricas. Luis no era músico, ni vivió tan al límite como el pequeño Ian Fraser Kilmister. Seguramente hizo menos kilómetros en su vida, y supo ejercer mejor como esposo, padre y, sobre todo, como abuelo. Un fontanero jubilado sencillo frente a una rock star.
Vaya mierda de simetría, estaréis pensando.
Sin embargo, los dos eran unos cascarrabias entrañables y fumadores
empedernidos; ambos han sido unos currantes natos desde su más tierna infancia
y ambos se han pasado media vida renegando de los curas. A uno le gustaba beber
en su justa medida y al otro en su medida justa (más o menos, una botella de
Jack Daniels diaria).
Y, lo más triste,
es que ambos han muerto a los 70 años aquejados de la misma enfermedad.
Sirva este post de homenaje para ambos.
Os deseo un feliz primer VIERNES DANDO LA NOTA de 2016 y un nuevo año próspero y feliz, en el que el cáncer se convierta en un mal menor.
Aquí estoy, agotando mis últimos momentos de reflexión antes de elegir al nuevo presidente de los españoles, en un fin de semana en el que se habla más del Imperio que de las elecciones (y yo sin ir al cine para que no se turben mis convicciones ni me capte el lado oscuro).
El caso es que, entre meditación y meditación, me he puesto el último CD de Dark Moor, 'Project X', un trabajo hiper mega freak muy vinculado al universo alien, al espacio, al 'no estamos solos en la galaxia' y al 'I want to believe'. Obviamente, no ha podido elegir mejor momento para salir a la luz. Entre sus temas hay uno inspirador que fusiona a la perfección los entresijos de estos días convulsos: 'Imperial Earth'.
Ya, ya sé que el que manda en el videoclip no podría ser Rajoy ni de casualidad, demasiado bien habla en inglés. Aunque parece que también le mola lo del plasma en versión virtual... Bueno, el señor en cuestión (Rajoy no, digo el del vídeo, simbiosis total entre el presidente Snow de Los Juegos del Hambre y Darth Vader) refleja a la perfección a esos políticos ambiciosos, capaces de aplastar a cualquiera que se ponga en su camino sin importar las consecuencias. Esos mandatarios de los que no podemos huir porque están siempre ahí, pegados como lapas al sistema, esperando momentos de despiste para robarnos, machacarnos y vilipendiarnos (no quiero ni pensar la que habrán liado este fin de semana).
Esos que saldrán de las urnas de mañana. Porque, aceptémoslo, gane quien gane, algún corrupto nos caerá. Y si no hay ninguno de inicio, el paso del tiempo y la poltrona les hará sucumbir. No tenemos más que ver cómo se repite la historia década tras década, siglo tras siglo, milenio tras milenio.
Y mientras, nosotros en el cine. Bueno, yo no (no es que vaya 'de guay intelectualoide', es que no he podido) pero los que habéis ido, ¿habéis recibido mensajes subliminales del reverso tenebroso? ¿Os han metido las palomitas y los nachos en sobres del Congreso y del Senado? ¿Tenía la prota un cierto aire a Saenz de Santamaría? Reflexionad también sobre cómo se juega con nuestro subconsciente y decidme, indecisos, si J. J. Abrams no ha influido en vuestra intención de voto.
Votéis lo que votéis (si es que votáis), no dejéis de disfrutar de lo que os queda del fin de semana y aprovechad para escuchar un poquito más a Dark Moor, un grupazo de Madrid que lleva dándole al metal desde la época de 'La Amenaza Fantasma'. Os dejo otro de los temas incluidos en su último disco, 'Gabriel'. Cuando escuchéis el estribillo me daréis la razón en eso de que son un poco del lado friki de la fuerza.