viernes, 12 de mayo de 2017

#VDLN 34: La senda del tiempo

A veces llega un momento en que te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente pero con ganas de morir... Bueno, aunque lo diga una de las canciones más famosas del pop-rock español y uno de mis grupos favoritos, tampoco es para tanto, ¿no?

Celtas Cortos lanzó a las ondas estas estrofas en 1990, en su segundo disco, Gente Impresentable. Yo apenas tenía 9 años y no entendía aquella melancolía, aquellas sensaciones que la banda transmitía por la falta de amor y empatía del mundo que le rodea. Pura depresión que a mí me parecía una obra maestra de delicada melodía, sin pararme a pensar en el mensaje que transmitía.





Hoy, 27 años después, la escucho con otros oídos y, a veces, con lágrimas en la cara por las verdades que destapa: cada vez más violencia a nuestro alrededor, cada vez más indiferencia, cada vez menos idealismo para luchar por un mundo mejor. Pero también por los recuerdos felices que me trae (los que me leéis ya sabéis que soy pura melancolía). Cuántas veces me habré abrazado a mi chico al son de esta tonada...

Este fin de semana se cumplen 17 años desde que empezamos a estar oficialmente juntos. Casi media vida. Y me he puesto a escuchar a los Celtas, el grupo que nos unió, cantando sus canciones en cada sangriada de la facultad, en cada viaje de colegas, en cada concierto... Empezamos compartiendo cintas de cassette de los de Pucela en primero de carrera y desde entonces no hemos parado. Toda una vida de experiencias que le quitan un poco de razón a La Senda del Tiempo.

Hace tiempo que me hice vieja de repente, pero sin ganas de morir, porque sigo viendo el vaso medio lleno. Creo fírmemente que el mundo puede cambiar, que debemos seguir trabajando para ello. Y si he de agradecer a alguien ese empuje, esas ganas de seguir adelante, es a él... y a los dos canijos que han surgido de toda una (media) vida de experiencias compartidas. Desde mi punto de vista, si alguien merece vivir en un mundo mejor son ellos.

¡GRACIAS VALLADOLID!
¡Y BUEN FIN DE SEMANA A TODOS!


 

viernes, 21 de abril de 2017

#VDLN 33: Basket Case

Mañana, si no se acaba el mundo, me voy al basket con el primogénito a ver un partido de la Euroliga. Él, que gracias al padre analógico se ha aficionado una barbaridad, está emocionadísimo. Yo también, para qué nos vamos a engañar. Me encanta el sano ambiente que se genera en torno a los partidos de baloncesto y, aunque hace años que no juego, me trae muchos recuerdos de adolescencia: buenos amigos, horas de diversión tanto en entrenamientos como en partidos, un escape lejos de casa... y música, mucha música.

Me uní a la 'troup' del basket cuando llegué al instituto. En el cole siempre había jugado al voleibol, pero no había equipo y a las de baloncesto les faltaba personal, así que allí que me fui con ellas. Todas eran mayores, de COU, más majas que las pesetas y muy fans de Bon Jovi (en su época de pelos largos), Offspring (en el año de Smash) y de Green Day antes de que se pintaran la raya del ojo y se pusieran corbata (vamos, los del Dookie y su 'Basket Case').


Aunque me tocaba ser cadete falsearon mis datos y me federaron como junior. Y ahí estaba yo, con mi 1,60 de estatura, ejerciendo de base o escolta, 'pegándome' con tiarronas de 17 y 18 años. Me llevé muchos golpes, pero aprendí a encajarlos y, a veces, a sacar partido de ellos. ¿Cómo? Gracias a las enseñanzas de mis compañeras, a ritmo de Offspring con temas como 'Gotta Get Away'.



Recuerdo con mucho cariño a aquellas primeras compañeras de basket que me enseñaron a funcionar en un deporte que no controlaba en absoluto; que me obligaron a salir del ala materna para moverme por mi cuenta y riesgo todos los fines de semana para jugar el partido de turno; y que me habrían llevado a mi primer concierto de Bon Jovi (en su gira del Crossroad, ese recopilatorio en el que incluyeron el baladote tristón 'Always' o 'Someday I'll Be Saturday Night') y a mi primer Festimad, con Metallica de cabeza de cartel, si a mis padres no les hubiese entrado el pánico sólo de imaginarme rodeada de melenudos borrachos y drogados capaces de hacerle de todo a una inocente chica de instituto... Ains, menos mal que pude desquitarme años más tarde.


Más allá de contaros una retahila de recuerdos y morriñas de instituto, todo esto tiene una moraleja: apuntad a vuestros hijos a hacer deportes de equipo, porque en ellos aprenderan y mucho: a compartir, a trabajar en equipo, a ser constantes, a encajar golpes y a sacar fuerzas de donde haga falta, a ganar y a perder... ¡y a escuchar buena música!

Aunque para esto último aseguraos de que caen en un equipo de rockeros, ¿eh? ;)

¡¡FELIZ VIERNES Y FELIZ FIN DE SEMANA A TODOS!!





miércoles, 5 de abril de 2017

El temido demonio tecnológico

Llevo varios días levantándome a las 6.30 de la mañana, otra de esas pequeñas 'ventajas' de ser autónoma y tener un horario flexible. Para animarme mientras ojeo (sí, sin H, de ojo) la actualidad del día, escucho el podcast Buenos Días, Madresfera en directo.

He de reconocer que me está sirviendo como aliciente para madrugar y ponerme al lío antes de la hora bruja pre escolar: Temas candentes, interesantes para aquel que está imbuído en el mundo maternal y paternal... y buen rollo, tanto por la parte de la dirección del programa como por los que interactúan en el chat. Da gusto madrugar así.

En uno de los últimos programas se habló de uno de esos casos complicados destacado por un titular amarillista: un chaval que había denunciado a su madre por quitarle el móvil. Al final de la historia (¡¡alerta de spoiler!!) la madre, que se enfrentaba a 9 meses de cárcel por malos tratos, salió absuelta gracias al buen juicio, nunca mejor dicho, de un magistrado que se puso en su lugar.

Un clásico que todos hemos vivido o que viviremos en algún momento. Allá va el caso figurado salido de mi mente de madre bloguera: el chico de 15 años tiene que estudiar pero en su lugar andaba dándole a la pantalla táctil. Su madre llega, le quita el cacharrito y le dice que o se pone con el examen del día siguiente o le deja un mes sin móvil. En la versión clásica de esta película el chaval refunfuña y se pone a estudiar. Pero ésta es la versión 2.0 de un muchacho problemático que ha visto por Youtube que denunciar es un buen sistema para hacerse con el mango de la sartén.

Y lo consigue, gane o pierda el juicio. Porque la sensación que se le debe quedar a una madre o a un padre (de los normales, me refiero, de esos que se desviven por sus hijos) que ve cómo su hijo vuelve a casa con una denuncia a su nombre debe ser de derrota total. Aunque todos tenemos claro quién será el verdadero perdedor a medio/largo plazo.

TE HAS CONVERTIDO EN TU MADRE

Más allá del hecho en sí, la noticia y la charla posterior en el chat me ha hecho reflexionar en voz alta al respecto. Sobre todo de cómo se demoniza a las nuevas tecnologías cuando surgen casos de este tipo, siempre asociados a jóvenes con conductas problemáticas.

Las tablets, los móviles y las consolas tienen la culpa de que los chavales no salgan a la calle; de que no hagan deporte y lleven una vida sedentaria; de que no sepan relacionarse (a la antigua usanza); de que se estén criando como un ganado de gañanes cuya máxima en la vida es conseguir millones de seguidores a base de grabar situaciones cotidianas en las que alguien es ridiculizado, insultado, vilipendiado...

Opiniones de este tipo se escuchan en los corrillos del cole, en la puerta de la academia y, por supuesto, en el también demonizado grupo del Whatsapp (qué poco se habla de su utilidad). Y esto pasa mientras seguimos dándole audiencia a Sálvame o a cualquier programa de 'tertulia' en el que todo el mundo habla a voces sin escuchar al de al lado. O valorando más al Cristiano Ronaldo de turno que a la inventora del WiFi al mismo tiempo que nos indignamos porque un hotel o una cafetería no nos ofrece conexión gratis. ¡Que inventen ellos!, que decía Unamuno.

Pero me estoy desviando del tema. El caso es que al oírlos no puedo dejar de pensar en mi madre cuando despotricaba en mis tiempos de estudiante sobre la comedura de coco y la desconexión cerebral que nos provocaban los videojuegos de entonces. En todas aquellas señoras que miraban recelosas hacia los locales recreativos de futbolines y Neo Geos porque representaban el mal en estado puro. Cuántas de ellas andarán ahora enganchadas al Candy Crush...

Nos jode reconocerlo, a mí la primera, pero nos hemos convertido en nuestras madres. Y, a veces, miramos al futuro de nuestros hijos con la misma poca perspectiva que ellas lo hacían en esos instantes.

Porque el mal no se encuentra en la máquina, sino en la mano que la maneja y que enseña a manejar. Los chavales son altamente influenciables y, a partir de una determinada edad, no por la vía paterna. Prácticamente todo lo que no hayamos conseguido hasta los 14 años (así, a ojo) con nuestro ejemplo se perderá en el olvido, al menos hasta que vuelvan a prestarnos sus oídos de vez en cuando en un futuro lejano.

CORREGIRNOS PARA CORREGIR

¿Pero qué ejemplo les damos con las nuevas tecnologías? Que levante la mano el que coma con el móvil en la mesa. El que apalanca a sus criaturas al calor de una tablet. El que haya interrumpido la historia imaginaria de turno para contestar un mensaje... Seguramente todos lo hemos hecho en algún momento. Algunos más a menudo que otros. Y ellos nos ven y nos copian.

Quieren estar en constante conexión como nosotros, pero no pueden porque no tienen smartphone propio o tablet sin restricciones... hasta que lo tienen. Y entonces quieren recuperar el tiempo perdido.

No se trata de dárselo todo cuándo y cómo quieran, sino de que nosotros nos lo restrinjamos también, al menos durante las horas que estemos a su lado. Que les acompañemos en sus juegos en la tablet o la consola, para que sean conscientes de que también puede ser un espacio de juego en compañía y no de aislamiento puro. Que les enseñemos a navegar y a desenvolverse por la red. Hemos de concienciarles (y, mucho antes, concienciarnos) de que se debe convivir con la tecnología, no depender de ella.

Ellos son los nativos digitales, los que saben manejar una pantalla táctil desde el mismo momento en el que aprenden a utilizar sus manos. Negarles los avances del progreso y el conocimiento necesario para desenvolverse en el mundo TIC sólo perjudicará a su futuro. Y teniendo en cuenta lo rápido que pasa el tiempo, no les queda tan lejos.

viernes, 31 de marzo de 2017

#VDLN 32: Katie King, el fantasma que me achuchó

Hacía años mil que no sacaba de la estantería los discos de Katie King, un grupo de rock sevillano con cierto espíritu pirata al que tengo un gran cariño y aprecio (después de compartir bodas, farras y conciertos). 

Hace unos años decidieron separarse, pero en los últimos tiempos se están reuniendo para ensayar de nuevo y, quién sabe, volver a las tablas en amor y compaña.

Herederos de los míticos The Storm (unos de los precursores del heavy metal español, también de Sevilla), tienen en su haber tres discos estupendos de estudio con canciones y versiones brutales que me han estado acompañando en estos días. Aquí su visión de los 'Angelitos Negros' de Machín.


¿Y de dónde sale un nombre tan poco sevillano? Pues de un fantasma, probablemente inventado por la espiritista Florence Cook en el siglo XIX. Dice Wikipedia lo siguiente: "Según afirmaba este espíritu era hija de John King, otro espíritu que presidía muchas sesiones por aquellos días. En un principio el espíritu de Katie King se materializaba parcialmente, pero con el tiempo fueron tomando consistencia y haciéndose más reales, hasta que llegó un momento en el que se materializó por completo tomando aspecto de persona viva con blancos ropajes".


Y continúa: "La aparición andaba y hablaba con libertad, incluso William Crookes pudo fotografiarla en diferentes ocasiones, consiguiendo 44 fotografías. Un día Katie se despidió, había cumplido su misión de demostrar a todos la existencia del mundo espiritual y había llegado el momento de elevarse a un grado más superior. En la actualidad muchos investigadores piensan que Katie King no era más que una burda farsa, ya que tanto Katie como Florence eran muy parecidas, y no hay fotos fiables de ambas juntas". Vamos, que fue una más en aquella época de auge del espiritismo.


Me da rabia dejar tan poco material propio, pero es difícil encontrar enlaces a sus canciones propias por Youtube. La versión de 'El Tren' de Leño, a pachas con Vikingo MD (Narco), me parece de las más chulas que he escuchado.

¡¡Buen finde a todos!!


viernes, 24 de marzo de 2017

#VDLN 31: Quiero más conciertos

Hoy me pongo a escribir escuchando lo que habéis ido colgando los demás. ¡Mi segundo post en una misma semana! Esto es de enmarcar. Y arranco sin saber qué música voy a compartir. ¿Es fácil improvisar sin verse influenciado por vosotros? Bueno, sobre todo porque no quiero repetir temas.

Algo que, a priori, parece fácil partiendo de la base de que llemo semanas queriendo escribir sobre el último concierto al que asistí: Dark Moor, una banda que a pesar de los años que llevan (su 20 aniversario celebraron el otro día) y de la clase que tienen no conoce mucha gente. Pero ya he colgado varios temas suyos, así que para no ser pesada, dejaré uno de los que tocaron: A music in my soul. Una pena no tener ninguna versión decente en directo.


No parece mala idea hablar de los últimos conciertos en los que he estado, que teniendo en cuenta mi condición de madre y el poco tiempo con el que cuento, son pocos y alejados en el tiempo. Airbourne fueron los anteriores, un evento al que fui de puro churro porque una amiga tenía entradas de sobra. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

De primeras mi intención era quedarme, tranquila y sin apretujones, en un lateral de la sala para ver medianamente bien el espectáculo (en momentos como estos, ser bajita y ver solo brazos, o el concierto a través el móvil del gigantón que está delante de ti joden un montón). Sin embargo, no sé en qué momento me puse a saltar y brincar y me vi arrastrada por la marea hacia el centro de la sala.

En el momento en que empezó a sonar Breakin' Outta Hell se abrió ante mí un abismo. ¿Hacia el infierno? Bueno, podría considerarse así. Joel O'Keeffe, el cantante de la banda, implicó al público para generar un círculo en el que los pogos estaban cantados. Y yo estaba en primera línea de fuego. ¿Me meto o no me meto? Y me metí, a muerte. Tanto que cuando me quise dar cuenta estaba junto al escenario. Hacía años que no conseguía un chute así de adrenalina. Como los indios me lo pasé.


Muchas veces echo en falta aquella época en la que caían bolos todas las semanas, cuando iba con mi cámara a cuestas inmortalizando a multitud de melenudos. Quizás en unos años, cuando los peques sean mayores, pueda recuperar ese ritmo, incluso llevármelos conmigo (ojalá les salga la vena rockera) a ver tanto a grandes bandas como a grupos de barrio. Quizás.

Con un poco de suerte este finde disfrutaremos de un concierto en familia. Caskarrabias tocan en Madrid. ¡En el Ayuntamiento! (Carmena, no sé si te lo perdonaremos algún día) Y hace quintillones de años que no los veo. ¿Tocarán Aldente? ¿Les gustará? Ojalá...


¡Feliz fin de semana a todos!
Y, si podéis, no dejéis de ir a conciertos.
¡Que la música en directo no muera!

 

miércoles, 22 de marzo de 2017

¡Pañal fuera!

Llevaba muchos días queriendo dejar este post, enfocado a la retirada del pañal a petición de una amiga que hace poco me preguntaba cómo podía empezar a quitárselo a su peque. Le iba a mandar un mail contándole mi experiencia pero, qué demonios, cualquier excusa es buena para darle vida al blog.

Todo surgió gracias a uno de mis post anteriores, en el que contaba que habíamos empezado a retirar pañales al benjamín de la casa, lo cual me parecía el horror más absoluto, partiendo de nuestra experiencia con el primogénito, que cada 20 minutos (y durante bastantes días) nos iba dejando charquitos en cualquier rincón de la casa. Eso sin contar con que no era capaz de hacer aguas mayores si no estaba tras una puerta, lo cual propició un atasco de cinco días. Lo único que nos consolaba era que, al menos, era verano y todo se secaba rápido.

Con el pequeño nos pusimos un fin de semana de enero (con dos coj...). Nuestro primer día de aclimatamiento no fue muy esperanzador: en dos horas teníamos seis pantalones y sendos calzoncillos secándose al sol del crudo invierno... o, mejor dicho, al calor de los radiadores. El padre analógico se estuvo planteando durante toda la mañana del sábado si no nos habríamos precipitado.

Yo, la verdad, confiaba algo más, ya que fue la profe la que nos lo sugirió sutilmente con un "id preparando calzoncillos para este fin de semana que no lo vamos a alargar más". Al final, aunque no tiene hijos, ella gana por goleada en operaciones pañal exitosas, las cosas como son.

Lo cierto es que con el nuestro se anotó otro tanto, porque después de un sábado catastrófico, el domingo no sólo no se mojó ni una sola vez, sino que además superó la prueba del "no te voy a decir nada, a ver si me lo pides". Y el lunes lo mismo. Y el martes.... toda la semana. No podíamos salir de nuestro asombro, con un grado importante de orgullo, y un poquito de pena, porque nuestro peque se hace mayor (y nosotros con él).

PERO, ¿CÓMO?
Para los que tenéis en mente empezar con este trance y no sabéis ni como empezar, os contaré mi experiencia, que ha sido bastante diferente en cada caso: al mayor se lo quitamos en verano y al pequeño en invierno. El mayor superaba de largo los dos años y el pequeño los acababa de cumplir. El mayor pasó por la etapa intermedia del orinal y el pequeño no lo ha querido ni en pintura. Vamos, que nada que ver una experiencia con otra, aunque el modus operandi fue parecido.

Si vais a guardería, probablemente sean los profes los que os indiquen el momento adecuado. Si no, podéis plantear desde casa el mismo tránsito. Lo que casi todo el mundo recomienda (yo también) es que cuando llegue el momento nunca deis marcha atrás. ¿Pero cuándo llega? Depende del niño. En la mayoría de los casos, la edad de retirada del pañal está entre los dos y tres años, más cerca quizás de los dos, aunque hay niños que consiguen controlar esfínteres antes.

Cuando hablo de quitar el pañal de forma radical y sin mirar atrás estoy exceptuando las horas de sueño, que son más complicadas de controlar. Mi hijo pequeño lo sigue llevando por las noches y el mayor lo estuvo llevando para dormir hasta casi un año después de realizar el proceso de retirada. En este caso, será la evidencia la que os haga tomar la decisión: cuando lleve unos cuantos días dejando el pañal seco habrá llegado el momento.

Bueno, al lío. Nosotros en ambos casos empezamos con un aclimatamiento al orinal/WC previo, llevándoles en momentos clave: antes y después de dormir, antes de salir a la calle, después de ver sus dibujos favoritos... intentando no romper una dinámica de juego o que le provoque malestar. Y siguiendo la pauta que nos marcaban las profes de que pasara hora y media, más o menos, entre una y otra 'sentada'.

Si durante esa fase notáis que va aguantando bien sin mojar mucho el pañal, hay que ir pensando en un fin de semana o puente de reclusión para dar el paso. La época del año más recomendada es el verano, por aquello de que no cojan frío y de que la ropa se seque antes, aunque nuestra última experiencia nos ha enseñado que el invierno tampoco está mal, siempre que la casa esté calentita. Al hacérselo encima, el peque se ha sentido muy incómodo: mayor humedad, frío... Un 'refuerzo' negativo que, probablemente, le ha servido para darse cuenta antes de la llegada del fatídico momento.

No os desaniméis si veis que el primer día se moja 27 veces. Y, sobre todo, no le regañéis. Tampoco se lo aplaudáis, claro. Hay que animarle a que la próxima vez lo haga mejor y dejar que sea él/ella el/la que se desvista, que tenga que hacer un esfuerzo incómodo cada vez que se manche.

Por contra, si lo hace bien, premiadle. Nuestro 'refuerzo positivo' en ambos casos han sido las pegatinas: pusimos en la puerta del baño un cuadrante divertido para pegarlas cada vez que lo hacíamos bien y fue un sistema bastante efectivo.

AGUAS MAYORES
Lo de la caca es más peliagudo. Con el pequeño no hemos tenido problema 'gracias' a su estreñimiento previo. Como le dolía tanto, aprendió a distinguir esa llamada del señor Roca y nos avisaba antes de hacerlo en el pañal porque en el WC le resultaba más sencillo y menos doloroso.

Con el mayor no fue tan fácil. Como os comentaba antes, no concebía desahogarse si no era detrás de una puerta o en un rincón oscuro. Lo del WC o el orinal no le motivaba demasiado, y como veía que encima no se lo podía hacer porque no era lo correcto, se aguantaba las ganas. Resultado: estuvo cinco días sin plantar un pino.

Por lo visto, esta situación es bastante habitual, así que no os asustéis si os toca lidiar con ella. En nuestro caso, la desesperación nos empujó a dejarle hacérselo encima en varias ocasiones. Hasta que un día, sin que nadie le presionase, nos avisó antes de. Todo un alivio.


¿PUEDE AYUDARME LA TECNOLOGÍA?
No puedo decir que yo haya utilizado apps ni gadgets en mis procesos reales de retirada del pañal, las cosas como son (vaya KK de Cibermadre, estaréis pensando... ¡y nunca mejor dicho!), pero haberlas haylas y lo mismo a alguno de vosotros os resulta interesante. Como el iPotty, un orinal infantil con soporte para el iPad con funda de plástico para evitar salpicaduras.

Su precio: en torno a los 20 euros. Caro teniendo en cuenta lo que cuesta un orinal estándar (unos 5 euros) y el tiempo que se va a utilizar (depende del niño, pero menos de 6 meses seguro).

En cualquier caso puede ser útil para mantenerles sentados en el trono durante unos minutos si son muy inquietos. O para que puedan juguetear con las apps específicas para la retirada del pañal que corren por las 'tiendas' de descargas. Por ejemplo, Pull Ups Big Kid, que a pesar de ir de la mano de una marca de ropa interior desechable, ofrece ciertas 'recompensas' cuando el niño lo hace bien y avisa a los padres cada X minutos para que no se les olvide llevar al baño a los peques.

También hay unas cuantas asociadas a cuentos de apoyo que enseñan a los niños los pasos a seguir: levantar la tapa, limpiarse con el papel, tirar de la cadena, lavarse las manos... Quitar el Pañal, Going Potty with the Wonkidos o The new potty son sólo algunas.

Recordad que, si van a ir al cole a partir de los tres años, el pañal debe estar fuera antes, porque no hay muchos centros que tengan a alguien dedicado a cambiar pañales a los niños (yo no conozco ninguno). Y, sí, esta norma incluye también a los más pequeños que empezarán las clases con dos añitos.

NOTA: En nuestra ciudad existe la figura del cuidador que va de cole en cole cambiando a los peques a los que se les escapa el pis o la caca, pero claro, lo mismo tarda en llegar a cambiar al tuyo más de una hora. Es importante enseñarles a que se vistan y se desvistan solos, porque por normativa los profes del centro no pueden hacerlo.

¡Mucha suerte!
Y, sobre todo, ¡mucha paciencia! 

domingo, 19 de marzo de 2017

#VDLN 30: Bye, Johnny, bye bye


Como muchos otros findes, llego a ras al Viernes Dando La Nota. Bueno, como mañana es fiesta en unos cuantos sitios, casi ni se nota (mentiraaaa). Encima no puedo poner la excusa del trabajo. Este fin de semana no, la verdad es que me he tomado la licencia de vaguear un poco y disfrutar de tiempo para no pensar en nada más allá de darle de comer a los muchachos y salir un rato para hacer la fotosíntesis.

Tenía planeado contar algo sobre mi último concierto, pero la mala fortuna ha decidido otra canción, otro autor. Uno de los padres del rock, el gran Chuck Berry, nos ha dejado hace unas horas y no puedo sino dedicar estas líneas para rendir mi pequeño homenaje a este gigante. A pesar del mal genio que gastaba (le pegó un puñetazo a Keith Richards, with two balls), ha sido un ejemplo de constancia y vitalidad.


Se ha quedado cerca de los 91 años, y los ha vivido intensamente, sin dejar la carretera casi en ningún momento. Según su página de Facebook, dio su último concierto en agosto de 2014. Con 88 años. Y en su último cumpleaños anunció que pensaba sacar un disco a lo largo de 2017 acompañado de algunos de sus hijos, que también serán talluditos. Lástima que no les haya dado tiempo.



Sin él, sin su música, su estilo, su voz... el rock no sería lo que es hoy. Mucho le deben los Stones, The Beatles, The Who, Clapton, Springsteen, AC/DC (quién diga que el paso del pato es propiedad de Angus Young nunca ha visto a Chuck en acción)... todos han bebido de sus canciones. Por eso es seguro que hoy todos (los que siguen vivos) lloran su marcha, no sin pensar antes en seguir sus pasos y estar al pie del cañón hasta su último aliento.

Y, por supuesto, marcando el ritmo de Johnny B. Goode con los latidos de sus ya vetustos corazones.
Hasta siempre, maestro.