Mostrando entradas con la etiqueta cobertura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cobertura. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2016

A refrescarse por la esclerosis múltiple

Como decía la canción, el verano ya llegó. Hace un mes, ya lo sé, pero el pleno y caluroso, ese que no nos deja dormir por las noches, nos ha dado de lleno esta semana. Por eso, ésta que aquí os escribe ha hecho el petate y ha emigrado con los churumbeles, los abuelos, el portátil y el disco duro (con multitud de temas por cerrar antes de agosto) al fresco leonés.

Vuelvo a mi remanso de paz y tranquilidad sin 4G (ni 3, ni 2, ni 1, ni H, ni E… ni el mensaje de ‘Sólo llamadas de emergencia’ me sale ya en el teléfono). Lo cual está muy bien si quieres desconectar, pero fatal de los fatales si tienes que estar pendiente del correo, de llamadas de clientes… vamos, lo que viene siendo el maravilloso mundo del autónomo.

Menos mal que hoy he encontrado un pequeño cuadrante en la colcha de mi cama donde llegan hasta dos rayas de cobertura. Un lujazo que puedo aprovechar para consultar los correos sin tenerme que desplazar continuamente al chiringuito del río, a las afueras del pueblo, que este año tiene wifi.

Fatal se trabaja en esta oficina...

Gracias a ello me he enterado de que el domingo 24 de julio estará operativo en Madrid el tobogán de agua más grande de Europa y el segundo del mundo. Nosotros nos lo perdemos, claro, pero para los que estáis en la capital al borde de la asfixia puede ser un planazo (o no, depende de las colas). Aunque lo más importante es que detrás hay una buena causa: va a servir de cierre para la campaña ‘Mójate por la Esclerosis Múltiple’, y ha sido organizado por la Fundación Esclerosis Múltiple de Madrid y Run&Win.

El Súper Tobogan Urbano (así lo han llamado) estará instalado en la Avda. Menéndez Pelayo, junto al Parque del Retiro. Mide 400 metros y está dividido en dos carriles dobles que permitirán el lanzamiento simultáneo de cuatro personas. Su recorrido finalizará en una pequeña piscina donde aquellos que se tiren (que pueden ser grandes y pequeños) se pegarán un fresco chapuzón. Y con mucha tranquilidad, porque el tobogán estará vigilado por personal especializado que se encargará de que todo funcione con fluidez y plena seguridad.

Y para aquellos que estén pensando en el ingente gasto de agua que supondrá (unos 30.000 litros), la organización ha llegado a un acuerdo con el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid para que pueda ser reutilizada en el riego de parques y jardines. Lo que significa que no será tratada con ningún tipo de componente químico.

Para poder participar en esta iniciativa, debéis registraros y adquirir la entrada en la web oficial www.supertoboganurbano.com. Con ella podréis acceder al recinto y hacer uso ilimitado del tobogán por un periodo de dos horas, estableciéndose tramos horarios que facilitarán el flujo de personas. Además si vais acompañados de peques, tendréis que cumplimentar una autorización/formulario que podréis encontrar en la página en cuestión.



Con esta iniciativa, la organización tiene como objetivo dar mayor visibilidad a la Esclerosis Múltiple, una enfermedad neurológica crónica del sistema nervioso central que afecta al cerebro y la médula espinal. No es hereditaria, ni contagiosa, ni mortal, pero no tiene cura y actualmente es la segunda causa de discapacidad neurológica en adultos jóvenes, es decir, en personas de entre 20 y 40 años, afectando sobre todo a las mujeres. Tiene múltiples manifestaciones y puede presentarse de manera diferente en cada persona. En España hay unas 47.000 personas que conviven con esta enfermedad, de las cuales 6.500 están en Madrid.

Así que, si estás en Madrid y tienes ganas de pasar un rato divertido y refrescante, no te lo pienses. Saca tu entrada en www.supertoboganurbano.com, ponte el bañador y la crema del sol y recorre 400 metros de diversión refrescante por la Esclerosis Múltiple. Y, por favor, tírate una vez por mí al grito de ¡WIIIIIIIII!


¡NOS VEMOS EN EL CHIRINGUITO!

jueves, 30 de julio de 2015

No sin mi 3G

Aunque las vacaciones de mamá aún no han llegado oficialmente, ya estamos en el pueblo. Es lo que tiene ser autónoma y llevar la oficina contigo, puedes dejar a papá de Rodríguez y huir del calor infernal de las calles de Madrid hacia los aires frescos de León. A las faldas del Teleno se duerme de maravilla, tapada y con la ventana cerrada (oh, sí, ah).

Por otro lado, las bestias pardas pueden gatear, correr, saltar, experimentar… y, como nos recomendaba no hace mucho la coach Nuria Pérez, aburrirse lejos del mundanal ruido. Eso sí, cerca de los abuelos para que mamá pueda trabajar tranquila… hasta que se dé cuenta de que no hay cobertura (¡horror!), lo peor que le puede pasar a una cibermadre.

¡¡NOOOOOO!!

Asín es, corazones. Ahora mi smartphone es menos smart que nunca. De hecho, se ha transmutado en varita zahorí buscadora de 3G, aunque en vez de apuntar hacia el suelo tengo que levantarlo hacia el cielo. Y si suena la flauta, pobre de ti si te mueves, porque perderás lo encontrado. Al final una termina con el brazo levantado en un ángulo de 147 grados, en mitad del carril izquierdo de una carretera comarcal, cargando whatsapps y correos, y rezando por que no venga ningún coche que te atropelle, desestabilizando tu postura de antena receptora.

Pero lo peor llega por la tarde, en la tortuosa hora de la papilla de frutas, con la que el pequeño Miguel no abre la boca (es más, la cierra hasta el punto en que sus labios se fusionan) si no tiene su ración de Pocoyó. “Tranquilos, vengo preparada”, dice mamá mientras saca de su bolsa tecnológica la tablet. Ya no se acuerda de los ejercicios de tai-chi que el sensei 3G le ha obligado a desarrollar a medio kilómetro del lugar donde se encuentra ahora. Por supuesto, no hay nada que hacer, Youtube no responde.

“No pasa nada, también lo traigo en el disco duro”. Pero el portátil está descargado, te has dejado el cable en Madrid y en la tele ‘de culo gordo’, desterrada al mundo rural “porque todavía funciona”, no hay conexión USB.

Con sudores fríos, mamá se dispone a entrar a matar con su cuchara de silicona y… la primera en la frente: de un manotazo, Miguel se la pone de sombrero. A falta de tecnologías, empezamos a montar el circo: los abuelos y el hermano mayor cantan grandes éxitos de ayer y de hoy mientras mamá engaña a su pobre vástago con un Aspito. Un clásico, vamos. Hora y media de reloj y un cuarto de tazón de frutas más tarde nos rendimos de forma definitiva. Un capítulo que tenemos asumido que se va a repetir día a día (dios mío), día a día.

Afortunadamente el mayor ha sabido adaptarse a la vida analógica mucho más rápido: los paseos en bici, guarrear al máximo en el huerto, el futbolín del bar… la libertad de moverse a sus anchas es más fuerte que los Angry Birds y todas las series de Clan y Boing juntas. Un año más se está asalvajando, así que, señora profesora de Dani, vaya usted preparándose para septiembre…

Y lo cierto es que, cada vez que le veo corriendo entre cardos y matojos, me da una envidia tremenda, porque mientras él descarga adrenalina yo sigo con el ‘run run’ del ‘dónde me podré conectar hoy para acabar los trabajos que me han encargado’. Me encantaría apagar el móvil, meterlo en el cajón, echarme en la tumbona desde donde ahora escribo estas líneas (incorporada, claro, y con papel y boli) y abrir el libro que me he traído “por si tengo tiempo de leer en algún momento”. Lo que viene siendo desconectar.

Cervecita y cobertura, oh, sí, ah...
Al menos me queda el consuelo de haber encontrado un pequeño reducto de 3G en la terraza del chiringuito que hay junto al río. No es mucho, pero me da para mandar y recibir correos mientras me tomo una cervecita a la sombra de una chopera. Además me han dicho que en la piscina del pueblo de al lado hay WiFi, así que me veo en bikini y pareo tecleando mientras el mayor se hace unos analógicos largos… Espero no acabar en el pilón con portátil y todo.

¿Y vosotras? ¿Podéis sobrevivir sin cobertura?