martes, 21 de julio de 2015

ON THE ROAD AGAIN

Como cada año, las vacaciones han traído su ración de “cómo leches voy a meter todo esto en el coche”. El reto aún es mayor cuando has tenido otro pequeñajo y no has cambiado tu vehículo habitual por un camión de reparto. El padre de las criaturas y yo nos hemos pasado las últimas noches jugando al Tetris en nuestra vieja GameBoy (sí, la gorda en blanco y negro) para verlo más claro.



“Me parece que vamos a tener que dejar la bici”, le digo mientras intento cuadrar una pieza con forma de L. “Ni de coña, ¿cómo no vamos a llevar la bici al pueblo, con la de espacio que tiene para correr con ella?”, me replica buscándole hueco a uno de esos palos largos que siempre salen cuando menos los necesitas. “Pues a ver cómo la encajamos con el carro de Miguel”, exclamo después de atravesar una de esas Z tan complicadas de encajar.

Al final, después de mucho esfuerzo, conseguimos un Tetris perfecto entre el maletero, bajo los pies de los niños, los huecos del copiloto, la guantera y la bandeja de atrás, con bici, carro, ropa (de verano, otoño, invierno y primavera, que como salga “el norte” nos podemos pelar de frío), alimentos varios y enseres de aseo, y, por supuesto, la bolsa tecnológica.



Encajamos a los niños y nos vamos nada más darle de comer al pequeño para que se eche la siesta y no nos dé el viaje. El mayor hace tiempo que no se duerme en el coche, aunque esté reventado. Tiene que estar muy pendiente de que no nos pasemos de la velocidad indicada por las señales y decirnos cada cinco minutos ese clásico “¿cuánto falta-falta mucho-cuándo llegamos?” que, según la leyenda, lleva entonándose desde que Moisés se llevó a los judíos de Egipto.

“¿Por qué no compramos un DVD portátil?”, pensó papá. Pero a mamá se le ocurrió otra cosa mejor para evitar un gasto y otro gadget tecnológico más en casa: investigar si la vieja tableta, esa que compramos hace tres navidades y que ya es carne de pequeñajos, soporta archivos .AVI de forma digna. Y, mira tú por dónde, dio en el clavo. Eso sí, sólo cabe una película, más que suficiente para tenerle entretenido algo más de la mitad del viaje y que no se pase las tres horas delante de la pantalla. Así que compramos un soporte de marca blanca, conectamos los auriculares del Atlético de Madrid que nos regalaron con el periódico y a rodar. Ya podemos arrancar.

¿Pero qué pasa cuando la peli se acaba? Pues que llegan otros dos clásicos: “Mamá, quiero hacer pis-tengo sed-me muero de hambre” que se fusiona a la perfección con “En la siguiente salida nos paramos, cariño-¿dónde están los bocatas?-¿qué bocatas?-los que tenías que hacer tú-¿¿¿YO???”

¿Y AHORA QUÉ COMEMOS?
Aunque siempre está la posibilidad de parar en una gasolinera con cafetería y pedir uno de esos correosos pinchos de tortilla que no le gustan a casi nadie, en esta ocasión tuvimos la suerte de llevar a mano (sin destrozar nuestro perfecto rompecabezas de maletas, pañales, bicis y demás trastos) los nuevos SuperNanos de Hero para mayores de tres años, que nos llegaron a través de la comunidad Madresfera y que nos llevamos de vacaciones.



Entre los diferentes productos que nos encontramos había unas cómodas bolsitas de yogur (con cookies, con frutos del bosque y con fresa y galleta) que nos salvaron la vida y el almuerzo. A Dani, que tiene cinco años, le entusiasmó la idea y eligió, para empezar, el Super Petit de fresa y galleta, aunque los otros dos cayeron pocos días después con similares resultados. Su veredicto: “Uy, qué rico está esto, mamá”. Yo también los caté un poco por aquello de dar una idea más clara de sabores y texturas: dulces y cremosos, son ideales para meriendas y almuerzos. Tienen algo más de cantidad que otras bolsitas de este estilo, lo cual está muy bien para grandes tragones como el que tenemos en casa, y su precio ronda los 0,90 euros. Nuestro favorito: el de frutos del bosque.



En la caja también había tres packs de gelatina, las Super Jelly de lima limón, fresa y cereza, cada uno con dos unidades, equivalentes a una ración de fruta. Otra gran ayuda, porque aunque Dani es un gran comilón, nos cuesta horrores que se meta entre pecho y espalda dos piezas diarias. Sin embargo, con las Super Jelly no hemos tenido que pelear. Estaba deseando que llegara la hora del postre para correr a la nevera a por su ración, y eso que no le gusta mucho la textura de las gelatinas habituales. Probablemente por eso le han gustado más de la cuenta, porque su textura es menos compacta que el de otras gelatinas. En cuanto a los sabores, no son precisamente suaves, más bien intensos. Nuestro favorito: el de cereza.



Por último, sacamos del fondo del embalaje el premio gordo, las Super Gomis, unas gominolas deliciosas con un 50% de fruta. Se han convertido en un juego y en un incentivo más sano que otras ‘chuches’ que le han encantado tanto a Dani como a los amigos con los que las hemos compartido… y a mamá.





Puntuemos los productos del 1 al 5:

* Las combinaciones de sabores de las bolsitas son muy acertadas. A razón de cómo Dani las devoró les damos un 5. Nuestro preferida, la de frutos del bosque. En cuanto a las gelatinas, nos quedamos con la de cereza.

* La variedad de sabores, diferenciando por producto, no es muy amplia, pero sí original en comparación con otras que encontramos en el mercado. En este campo le damos un 3, esperando que la variedad crezca.

* Contenido de fruta: Encontrar un 50% de fruta en cada uno de estos productos, gominolas incluidas, le da a la marca muchos puntos a su favor. Hay muchos niños a los que comer fruta les cuesta horrores, y con los SuperNanos se puede incluir fácilmente media ración adicional sin que se den cuenta. Por eso se ganan de nuevo un 5.

* Cada bolsa cuenta con un SuperNano diferente, niños disfrazados de superhéroes con capa y antifaz que atraen la atención de los más pequeños. Daniel se pirraba por la niña de las trenzas de las Super Gomis, aunque me da a mí que era más por el contenido de la bolsa que por el dibujo en sí. En este caso, puntuamos con un 4, porque sabemos que se les puede sacar mucho más jugo: con juegos online, aplicaciones de móvil que los tengan como protagonistas, etc.

* En cuanto al tamaño de las bolsas y tarrinas, son ideales para meriendas y postres, respectivamente. De hecho, las primeras son bastante generosas, con más cantidad de lo que se encuentra en otros productos. En este sentido, le damos un 5.



Está claro que no hay nada como la fruta de verdad, pero si tenéis problemas para que vuestros peques se la coman, este tipo de productos son un buen complemento, además de una opción muy válida y cómoda para los almuerzos del cole, meriendas fuera de casa y, por supuesto, largos viajes. Si no se abren no necesitan frío (aunque fresquitos están más ricos).

¿Y a vosotras? ¿Qué os parecen este tipo de productos? ¿Tiráis de ellos en vuestras vacaciones?

viernes, 12 de junio de 2015

En busca de la conciliación perdida


No hay mejores prácticas en organización y gestión de tiempos que las que te da la maternidad/paternidad, sobre todo si no tienes una herencia multimillonaria o te ha tocado una Primitiva que te permita no ir a trabajar ni buscarte las castañas. Alucino con todas esas empresas que reniegan de contratar a mamás por pérdida de productividad, cuando en realidad lo que están perdiendo son valiosas empleadas que van a producir tanto o más que el resto en menos horas (siempre que busquen una jornada reducida, claro).

Para todas esas mamás (y papás) que se pasan el día haciendo encaje de bolillos para 'conciliar' lo más decentemente posible nació hace algo más de un año la iniciativa #mamiconcilia, una plataforma web promovida por Usúe Madinaveitia que recoge sus testimonios. En ese arranque se publicó un libro con las experiencias de 28 mamis directivas que han conseguido no ser esclavas 'full time' de sus respectivas empresas y se las han apañado para ver crecer a sus hijos. Y no sólo eso, sino también conseguir ciertos 'privilegios' para que sus equipos también puedan conciliar.



Un año (y muchos testimonios) después, #mamiconcilia ha publicado una segunda edición con historias variopintas de "madres azotadas por la crisis económica; otras que fueron discriminadas en el trabajo al comunicar que estaban embarazadas o despedidas al volver de la baja maternal, mujeres que encontraron una alternativa a la conciliación en el autoempleo o se reinventaron y emprendieron una aventura empresarial. Hay historias en las que la protagonista es la salud de los hijos, pero también la de los abuelos. Historias en las que el padre es pieza clave en una conciliación familiar corresponsable y otras historias en las que el peso de la familia recae en la madre porque el padre viaja o trabaja mucho. Hay familias en las que todo gira alrededor de los hijos y otras en las que, por decisión o necesidad, el trabajo escribe el argumento.
La mayoría de las participantes tienen dos hijos, aunque también hay historias de familias numerosas y de embarazos múltiples, así como varias con un solo hijo".

Me enorgullece decir que en esta segunda edición está la historia reciente de esta mamá que aquí os escribe. Los que me leéis a menudo ya sabéis de qué va;. Los que no la conozcan y les pique la curiosidad, podéis descargaros el libro en pdf o epub. Y a los que no os importe un carajo mi historia... bueno, descargarlo también, podéis aprender mucho de las experiencias de Sonsoles Ónega, Ana Hinojosa, Gabriela Tomassoni, Amaia Vitoria, Clarisa Pereira, Celia Ramón, Johanna Saldón, Eva Gascón, y otras muchas (además de algún padre) que han luchado por mantener su trabajo y ver a su familia a partes iguales.

¿Y LOS PAPÁS, QUÉ? ¿NO CONCILIAN?
#papiconcilia en la prensa andaluza
Pues sí, muchos son los que lo intentan pero con una situación algo diferente. Mientras que nosotras somos las que no ascendemos, las que vemos peligrar nuestro puesto de trabajo o somos despedidas cuando mostramos nuestra intención de ser madres o queremos reducir nuestra jornada laboral... ellos suelen ser los que renuncian a ver crecer a sus pequeños por falta de aceptación. Y es que la sociedad sigue sin ver con buenos ojos que sea el hombre el que se acoja a la reducción de jornada, o que se le caiga el boli a su hora de salida y no haga extras porque quiere disfrutar de su familia. De cara al público, la familia es una excusa y ese empleado lo que tiene es un morro que se lo pisa y pocas ganas de trabajar.

Para acabar con este establishment, #mamiconcilia también ha recopilado testimonios de muchos papás que le han dado a su carrera un giro que rompe con lo establecido para dar prioridad a sus pequeños. El movimiento #papiconcilia también existe y su máxima expresión se ha publicado en dos ebook que pueden descargarse de la misma forma que los de  #mamiconcilia.

Y APROVECHANDO QUE EL PISUERGA PASA POR VALLADOLID...
Esta ha sido una semana de mucha tralla para ésta nuestra comunidad. Cibermadre no hay más que una por fin ha dado el branding-salto a las redes sociales, y ya tiene espacio en Facebook, Twitter y Google+. Además ha entrado a formar parte de la comunidad de bloggers Madresfera. ¿Por qué tanto cambio? Pues porque parece que os gustan mis historias y ya tocaba independizarse de mamá Gema. Y porque así me planto en el III Encuentro de Madres Blogueras, organizado por Yo Dona y El Club de Malasmadres, que se celebra mañana sábado, 13 de junio, en Madrid, con algo más profesional y llamativo.

Imagino que os habréis percatado del cambio de look. Me he pasado los últimos días en el taller, dándole una buena mano de chapa y pintura al blog. ¿Qué os parece? ¿Demasiado morado? ¿Demasiado ostentoso? Se aceptan críticas, si son constructivas mucho mejor (por caridad, las destructivas me hacen llorar, que todavía tengo las hormonas a flor de piel).

viernes, 29 de mayo de 2015

Rodar y rodar

Hace algunas semanas la oficina estadística de la UE, Eurostat, nos daba la 'estupenda' noticia de que éramos, un año más, líderes en fracaso escolar, con una tasa de casi el 22% de jóvenes de entre 18 y 24 años que han abandonado sus estudios prematuramente, habiendo completado, como mucho, el primer ciclo de secundaria. Y aunque hemos conseguido rebajar la cifra, todavía duplicamos la media comunitaria (11,1%). Algo escalofriante.

¿A qué se debe este horrendo panorama? Supongo que ver ganar sueldos astronómicos a futbolistas y pseudofamosillos sin formación, infinitamente más amplios que los de médicos, científicos o ingenieros y mucho menos sufridos, no ayuda mucho. Aunque tanto padres como profesores coinciden en que una de las grandes causantes de esta lacra es la falta de motivación.

Una acertada caricatura de www.e-faro.info
¿Qué hacer para animarles a seguir? Pues dejar volar la imaginación. Porque aquel mítico "¿no quieres estudiar? Pues ponte a trabajar para saber lo duro que es ganarse el pan" es inútil cuando hay más de un 50% de paro juvenil.

Entre las imaginativas iniciativas que van apareciendo está el Savia Fest, I Festival Escolar de Micropelículas en Instagram, creado por la editorial SM y que va dirigido a profesores y alumnos de Educación Secundaria. Una acción que tiene como objetivo que los jóvenes demuestren de manera creativa lo que aprenden en el aula, a través de una pequeña historia de 15 segundos, y que los profesores se acerquen un poco más al mundo de las redes sociales, un universo en el que sus alumnos son auténticos maestros.

Las grabaciones, que pueden hacerse desde cualquier smartphone o tablet, deben hablar del valor de alguna de las asignaturas habituales (matemáticas, lengua, historia...) en la vida cotidiana. Una vez grabadas y editadas, deberán subirse a Instagram identificandolas con dos hashtags: uno común, #SaviaFEST, y otro que dependerá de la categoría a la que se presente: Mejor Adaptación (#peliadaptada); Mejor Musical (#musical); Mejor Película de Animación (#pelideanimación); y Mejor Película de Acción (#pelideacción).

La fecha tope para colgar las microhistorias en Instagram es el 12 de junio. Los centros pueden publicar tantas grabaciones como quieran y cada mes los cinco vídeos más votados recibirán como premio entradas gratis para el cine. Aquí tenéis uno de los más de 600 ejemplos participantes que ya rondan por la red.


Para participar en el concurso es imprescindible que en las micropelículas aparezca la imagen de una claqueta que SM está proporcionando a los centros educativos que quieren participar. Puede solicitarse en smsavia@mmbbgroup.com o llamando a los teléfonos 902 121 323 y 91 208 04 03. Una vez concluido el plazo se seleccionarán tres vídeos finalistas por cada categoría. Éstos optarán a diversos premios que se entregarán en una gala de las de alfombra roja (perdón, verde, como la marea educativa) y que pueden consultarse en la web del concurso.

Así que, ya sabéis, cuando vuestros muchachos os digan por enésima vez aquello de que "mamá, esto de estudiar es un súper rollo", sacad la cámara y contestad: ¡¡SILENCIO, SE RUEDA!!

lunes, 18 de mayo de 2015

Metal Child

Nuestro benjamín acaba de cumplir seis meses, una etapa dulce y alegre que, no obstante, trae consigo el horror musical de la repetición hasta la extenuación. El pequeño Miguel adora El barquito de cáscara de nuez y los Cinco Lobitos y nos lo hace saber cada vez que llega la hora de comer, de dormir, de ponerse perrón al filo de la media tarde... Al final del día, cuando todos ya duermen, las melodías siguen pasando por mi cabeza como en bucle, y si no me fuese yo también a la cama, mis neuronas seguramente cortocircuitarían.

En casa tenemos unos gustos musicales un tanto peculiares. A pesar de mi aspecto de madre coraje, la mitad del día en chándal, la otra mitad en plan 'casual' (casualmente hoy me ha dado por arreglarme un poco porque tenía una reunión), mi corazón late a ritmo de metal: a veces con la cadencia de For whom the bell tools, otras con la velocidad imparable de I want out.

Sí, así soy yo (vía paraelwhatsapp.com)



De hecho, para disgusto de mi madre, tuve una temporada de heavy reportera en la que mi vida giraba en torno a melenudos de todas las nacionalidades, conciertos, festivales, presentaciones de discos... un trabajo de ensueño para cualquier amante del género (aunque nada agradecido en lo referente a sueldo) al que tuve que renunciar en cuanto nació nuestro primer churumbel.

Ni mamá ni papá han tenido mucho tiempo para conciertos (ni para el ocio en general) desde entonces, y cuando lo tienen prefieren pagar su entrada para disfrutar al 100% sin tener que cargar con libretas y cámaras. Dicho esto, desde aquí quiero expresar mi más sincera admiración y mandar apoyo a todos esos papás (mamás no conozco ninguna, digo yo que alguna habrá) que resisten currando diariamente en el mundo del rock y del metal y son capaces de conciliar: Fernando Galicia, musicólogo y escritor a punto de convertirse en todo un ¡Master! ¡Master! del universo heavyrockero; David Esquitino y su Red, Hard n Heavy; Juan Destroyer, siempre al pie del cañón en MariskalRock y La Heavy (la antigua Heavy Rock); Roberto Cappa, batería de Delirium y Dark Moor, entre otras bandas; Juan Olmos, cantante de Antigua, compositor y regente del estudio de grabación OlmoStudio; Juanma Rodríguez, que viaja cada dos por tres de gira fotográfica para sacarle fotos a melenudos varios... qué envidia me dais a veces, muchachos.

Ahora, mi trabajo en este campo se ciñe en conseguir arrastrar a mis pequeños vástagos a este 'lado oscuro' del mundo musical para evitarnos largos viajes a base de 'Cantaleches' y que el día de mañana sea más fácil programar tanto las escapadas familiares de ocio como la selección de discos de casa.

Por el momento, al mayor ya le hemos captado para la causa, y tan pronto te canta I was made for lovin you de Kiss como Rock you like a hurricane de los Scorpions. No teme al bueno de Eddie, la 'dulce' mascota de Iron Maiden, puesto que lo conoce desde que nació, ni a Snaggletooth, buque insignia de Motörhead, a la que un buen día decidió llamar 'Paquito'.

Snaggletooth (alias 'Paquito') y Eddie no faltan en nuestras paredes


Claro que, como buen niño, alucina con los vídeos de Michael Jackson (igual que nosotros antaño), a pesar de que sigue necesitando que alguien le tape los ojos cuando sale el hombre lobo de Thriller. Y es capaz de mezclarlo todo con las socorridas letras de Rafaella Carrá (¡Qué dolor! ¡Qué dolor!), de los Village People, de Bonnie M, de Zapato Veloz y del inconfundible Emilio Aragón (¡Ala mamá! ¡Como el del Señor de los Anillos!).


¿Cuál es el truco? Si queréis que vuestros peques cambien el chip, buscad canciones fáciles de aprender, repetitivas: Highway to hell, Smoke on the water, I love rock'n'roll, My Sharona... e intercaladselas con las suyas: las que les ponen en el cole o en la guardería; las de la tortura cantajueguil; los incombustibles Miliki, Fofo y compañía, o Enrique y Ana, que os traerán grandes recuerdos. Por otra parte, ponedles vídeos llamativos, cargados de magia y de color. Pueden ser de mucha ayuda las versiones que corren por la red de los Muppets, como ésta del Bohemian Rhapsody de Queen:



Y nunca dejéis de lado la música clásica, es la base de todo lo que escuchamos ahora. Pero no se la metáis con calzador, buscad siempre algo lúdico con lo que engancharles: una obra de teatro, un juego como el de las sillas musicales o series de dibujos, como la de los Little Einsteins, con la que se volverán un poco 'marisabidillos' pero que les dará las primeras pautas generales del mundo de la música y el arte.



Sé que a veces supone una tortura china oír diez veces seguidas Juan Pequeño Baila, pero no le neguéis a vuestros peques las canciones que les gustan, los gustos se pueden redireccionar (al menos durante los primeros años) y marcar unas listas de reproducción aptas para todos los públicos. Por favor, no dejéis de ponerles música a pesar de lo que diga el ministro Wert y esa ley magnífica que ha dilapidado las corcheas de la Educación Primaria, porque es y será gran parte de nuestra vida.

NOTA: Si eres un flipado de Dream Theater te toca esperar, tanto virtuosismo puede llegar a aburrirles.

¿Y vuestros peques? ¿Qué escuchan? ¿Con qué os torturan? ¿Cómo les habéis arrastrado al lado oscuro?

miércoles, 18 de marzo de 2015

Mamá, quiero ser una chica

Después del fin de la baja maternal, de papeleos varios entre cambio y cambio de pañal, de plantear mi nueva vida laboral entre toma y toma... por fin saco un poco de tiempo para un nuevo post. ¡Y eso que me había dicho a mí misma que iba a ser uno a la semana! Fatal, mamá, fatal, que diría el primogénito.

Precisamente del primogénito pensaba hablar, porque hace unos días, junto con el Día Internacional de la Mujer, celebrábamos su quinto cumpleaños. ¡Cómo pasa el tiempo! El caso es que, entre los muchos regalos que ha recibido, esta vez han llegado los cacharritos de cocina. ¡Por fin! Me parecía alucinante que en un lustro nadie le hubiera regalado nada de ese estilo... ni si quiera yo (ya se sabe, los padres aprovechamos estas oportunidades para las bicis y otros regalos caros; y fuera de temporada no procede otra cosa que ropa o libros).

Por fin podemos cocinar con papá y mamá


El caso es que durante mucho tiempo se lo estuve pidiendo a todo el que me hacía la pregunta del millón (¿qué le regalo?), emocionada al ver cómo mi pequeñuelo disfrutaba con ese tipo de juguete en casas ajenas. Pero nunca llegaba. Y, lo peor de todo, es que nadie le daba importancia. ¿Por qué? Pues porque los niños juegan con coches y pelotas y las niñas con cocinitas y muñecas. El eterno mantra.

Una vez conseguidos los cacharros, diseñé un plan para motivarle aún más a jugar con ellos: colocárselos en la cocina de casa junto a nuestras ollas y sartenes, un truco que nunca falla... hasta que el pobre se topa de bruces con lo frustrante de la (no) aceptación social.

- Mamá, creo que vamos a devolver esta cocinita - me dijo ayer con cara de tristeza.
- ¿Y eso por qué? - le pregunté haciéndome la extrañada.
- Pues porque es un juguete de niña...-. Rabia, ira, muerte y destrucción.
- ¿Y quién te ha dicho eso?
- Nadie, lo digo yo -. Por un momento la sombra de la duda me estremeció, aunque sin vacilar (que los niños, como los perros, huelen el miedo a kilómetros) volví a preguntar.
- Venga, va, y ahora de verdad. Dime quién te lo ha dicho.

Bajó los ojos y me confesó que había sido uno de sus amigos de clase. El mismo que dice que a las niñas no les puede gustar el fútbol, o que los niños no pueden usar el rosa porque es un color de chicas. Vamos, el que sigue a pies juntillas el mantra del que hablábamos antes pero con cinco años, alentado por sus queridos tutores, que ni se plantean poner en práctica los sabios consejos del blog En clave de niños, o echarle un vistazo a los ejercicios de Educando en Igualdad.Gracias a ellos y a su mentalidad poco adaptada al siglo XXI, mi hijo ha sentido la necesidad de ser una niña en determinadas ocasiones, principalmente cuando se ha divertido con cocinitas, juegos de te, puzzles de princesas... ¡o cuando quería pintar una flor en tono magenta! Es entonces cuando, con gran frustración, se agarra de mi pierna y me dice: "Mamá, a mí me gustaría ser una niña".

La cuestión es, ¿por qué? ¿Qué pueden hacer las niñas que no puedas hacer tú? Cuando la duda le asalta, me gusta buscarle en internet excepciones que rebaten las ideas de esos padres del cretácico:

Karlos Arguiñano



Amaya Valdemoro


o los muchos ejemplos que aparecen en el Club Detacón, una gran iniciativa que tiene como objetivo dar una mayor visibilidad a la mujer en el masculinizado mundo del fútbol, y cuyos movimientos podéis ir siguiendo y apoyando a través del hashtag #ElFútbolYaNoEsLaPolla.





Me indigna sobremanera que a estas alturas de la evolución sigamos inculcándole a nuestros pequeños esos roles obsoletos que sólo sirven para que papá continúe 'ayudando' en casa en vez de compartir tareas; o para tachar de 'rarito' (por no decir una palabra peor) al niño que quiere montarse en un coche de Hello Kitty en la feria, o de 'marimacho' a la niña que juega con muñecos de acción.

¿Qué pensáis al respecto? ¿Habéis tenido experiencias parecidas? ¿Os habéis encontrado con algún profe de esa 'vieja escuela'? ¿Conocéis movimientos, clubs, blogs, etc. que ayuden a paliar esa falta de igualdad?